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El fruto de la guerra

Nagasaki, 1945.Un niño que lleva a la espalda al hermano muerto en el bombardeo atómico espera su turno para incinerar el cuerpecito sin vida. El objetivo del fotógrafo estadounidense Joseph Roger O’Donnell fijó en el vívido realismo del blanco y negro, ese momento juntos dramático y compuesto. Una imagen que, a distancia de más de setenta años, sacude todavía las conciencias. Y que impresionó mucho al Papa Francisco, que quiso hacerla reproducir sobre una cartulina, acompañándola de un comentario elocuente: «... el fruto de la guerra», seguido por su firma. La breve leyenda en español impresa en la parte inferior sugiere una clave de lectura esencial de la foto, subrayando en particular el digno sufrimiento del niño que ha perdido al hermano: sufrimiento que se apenas se percibe por la expresión de los labios, que se muerde hasta hacerlos sangrar.

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19 de Enero de 2018

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