Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

El éxito de la exégesis bíblica femenina

· ·Presentados dos libros de «donne chiesa mondo» ·

Ha entrado en el séptimo año, «donne chiesa mondo», el mensual de «L’Osservatore Romano», cuyo número de junio adjunto a la versión diaria está dedicado a las santas musulmanas. La circunstancia fue la inspiración el 31 de mayo —fiesta de la Visitación, día en el que salió en 2012 el primer número— de un encuentro en el espléndido palacio de la embajada de España ante la Santa Sede durante el que se presentaron dos libros nacidos del mensual fundado y dirigido por la historiadora Lucetta Scaraffia. En el centro, las mujeres en las Escrituras hebreas y cristianas, tema al que se dedican dos pequeños volúmenos que acaban de salir y editados por la biblista Nuria Calduch-Benages, religiosa de las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazareth, especialista en literatura del Antiguo Testamento y que enseña en la Universidad Gregoriana y en el Pontificio Instituto Bíblico. Mujeres de la Biblia (Madrid, Ppc, 2018, 125 páginas, 15 euros) y Donne dei Vangeli (Milano, Vita e Pensiero, 2018, 110 páginas, 12 euros) recogen los textos que han salido en «donne chiesa mondo» respectivamente en 2016 y 2017. En presencia del embajador de España, de Aurelio Mottola, director de Vita e Pensiero, la editora de la Universidad católica del Sagrado Corazón que ya ha publicado otros dos libros nacidos del mensual, de diplomáticos, periodistas y eclesiásticos entre los que se encuentran el claretiano Aquilino Bocos Merino, que el Papa creará cardenal el próximo 28 de junio, intervinieron Nuria Calduch-Benages, Lucetta Scaraffia y el director de «L’Osservatore Romano», moderados por el consejero eclesiástico don Antonio Pelayo. Publicamos el texto de Nuria Calduch-Benages y el saludo enviado por José Beltrán, director de la revista «Vida Nueva», que desde 2015 publica «donne chiesa mondo» en español.

La historia de estos libros y de los que, espero, seguirán empezó hace tres años, exactamente el 24 de mayo de 2015 en este mismo lugar. Nos reunimos aquí para presentar la versión española del suplemento femenino «donne chiesa» mondo, que desde 2012 publica mensualmente el diario de la Santa Sede. La tarde fue muy agradable. Intervenciones, recuerdos, fragmentos de vida, emociones, agradecimientos y una gran esperanza para el futuro. Se había firmado un acuerdo, se había gestado un nuevo proyecto y se había creado una nueva red de contactos. Nos encontrábamos frente a un gran desafío. Aunque no se dijera abiertamente, para algunos de los presentes aquella ocasión había sido el comienzo de una prolongada colaboración. Y así fue, al menos por lo que a mí respecta.

Habían pasado apenas dos meses desde aquella presentación oficial cuando Lucetta Scaraffia me invitó a participar en la reunión del consejo de redacción de «donne chiesa mondo» para mantener un intercambio de ideas y proyectar juntos nuevas colaboraciones para el suplemento femenino. A decir verdad, estoy contenta de haber aceptado el desafío, porque estoy convencida de que ningún esfuerzo es suficiente cuando se trata de profundizar en el papel de la mujer en la Iglesia, de valorar su presencia y su iniciativa, de escuchar su voz y de reconocer su competencia.

La primera idea que me vino a la cabeza fue incluir una pequeña sección bíblica en el mensual. En ella se dedicarían algunas páginas a las mujeres de la Biblia, empezando por las del Antiguo Testamento para después, eventualmente, continuar con el Nuevo. Y en realidad así ha sido, pues hoy presentamos a la vez el primer volumen en su versión española y el segundo en lengua italiana. El primero se concentra en las mujeres del Antiguo Testamento y el segundo en aquellas del Nuevo Testamento. Aprovecho la ocasión para comunicarles que el tercer volumen ya está en gestación, pues este año el suplemento femenino está dedicado a las mujeres en el corpus paulino. En total sintonía con el espíritu y el objetivo del suplemento femenino «donne chiesa mondo», estos libros giran en torno a dos ejes: la Biblia y la mujer. Si me lo permiten, me gustaría hacer un par de breves reflexiones al respecto.

Hace treinta años, hablar de las mujeres de la Biblia era una novedad, al menos en nuestros países. No así en otros lugares (por ejemplo en los Estados Unidos), donde los estudios sobre la presencia y la importancia de la mujer y del elemento femenino en los textos bíblicos datan del siglo xix. La pionera en esta aventura fue Elisabeth Cady Stanton (1815-1902). Junto a otras veintiséis mujeres, esta notable sufragista norteamericana escribió The Woman’s Bible («La Biblia de la mujer»), en aquella época un auténtico best-seller, que fue publicado en Nueva York en dos volúmenes, respectivamente en los años 1895 y 1898. Las autoras decidieron comentar solamente aquellos textos bíblicos donde las mujeres estaban presentes y aquellos en los cuales su ausencia era clamorosa. En sus comentarios denunciaban los prejuicios masculinos, su influencia en la interpretación de la Biblia y la misoginia de algunos textos. La reacción no se hizo esperar, y las críticas llovieron de todas partes.

La situación actual es, afortunadamente, muy distinta y, en muchos aspectos, cargada de esperanza. En estas últimas décadas, el interés por el estudio de las mujeres de la Biblia ha crecido hasta lo inverosímil. Dan prueba de ellos las numerosas publicaciones que se suceden a un ritmo vertiginoso. Y no me refiero solamente a los abundantes estudios u obras sobre los personajes femeninos en concreto (las matriarcas, las profetisas, las mujeres sabias, las reinas, las heroínas, las esclavas, las esposas, las hijas, las prostitutas…), sino también a otros temas o aspectos relacionados con la mujer como pueden ser el uso de las imágenes o metáforas femeninas, el lenguaje femenino, la hermenéutica bíblica feminista, la mujer en el antiguo oriente próximo, en la arqueología, en Qumrán...

Tomar a la mujer como objeto de estudio en la Biblia se puede hacer de muchas maneras y con objetivos muy distintos. Unos textos (especialmente los más famosos) se pueden estudiar para tratar de corregir algunas interpretaciones tradicionales en contra la mujer. Los textos sobre las mujeres también se pueden estudiar para arrojar luz sobre algunas tradiciones olvidadas en las que la mujer ejercía un cierto liderazgo; o incluso para investigar sobre la vida real de las mujeres, que la cultura patriarcal ha relegado al silencio y al anonimato.

Basta un ejemplo. En el llamado «Elogio de los padres» (Sirácide 44-50), Ben Sira pasa revista a la historia de Israel desde el patriarca antidiluviano Henoc hasta su coetáneo, el sumo sacerdote Simón ii, hijo de Onías ii, llamado «el Justo» (Ca. 220-195 antes de Cristo). La galería de personajes ilustres que desfila en sus páginas está compuesta por patriarcas (Noé, Abrahán, Isaac, Jacob), caudillos (Moisés, Josué, Caleb), sacerdotes (Aarón, Pinjás), reyes (David, Salomón, Saúl, Roboán, Jeroboán, Ezequías, Josías), profetas (Samuel, Natán, Isaías, Ezequiel, Elías, Eliseo, Jeremías) y otros como Zorobabel y Nehemías. Sorprende el hecho de que todos los héroes mencionados sean varones. En el elenco no aparece ninguna mujer con nombre propio, ni siquiera incidentalmente. Las únicas mujeres que se mencionan son las muchachas que cantaban a David por su triunfo sobre diez mil y las mujeres con las que Salomón se divertía y que, como se recordará, fueron la causa de su perdición.

Ben Sira habría podido mencionar, por ejemplo, a las matriarcas (al menos a Sara), a Miriam, la profetisa, hermana de Moisés y de Aarón, o a Débora, la juez que impartía justicia bajo la palmera entre Ramá y Betel. Pero no lo ha hecho. Decide ignorarlas, callando así sus historias y silenciando sus voces. No conocemos —nadie puede conocerla— la razón de esa decisión, pero ciertamente no se debió a la ignorancia o la negligencia. Personalmente creo que la razón ha de relacionarse con la memoria colectiva, es decir, con el conjunto de representaciones del pasado que todo grupo social selecciona, conserva, elabora y comunica para distinguirse así de otros grupos y reforzar la propia identidad. Ben Sira era un maestro de sabiduría muy conocido en Jerusalén, donde enseñaba a los niños de las familias acomodadas. Era, por tanto, una persona culta, con autoridad, cuya doctrina era un punto de referencia para las jóvenes generaciones. En la memoria colectiva que había recibido, las mujeres aún no habían dejado ninguna huella o, mejor aún, estaban ahí como huellas genéricas que afirmaban, en tono más bien negativo, su existencia y corroboraban su insignificancia.

En otras palabras, para Ben Sira, el recuerdo de las mujeres no tenía valor. Por este motivo no hay nombres femeninos en el «Elogio de los padres», un texto, como tantos otros, declinado por completo en masculino. Elogiar a una mujer en particular habría significado admirarla, reconocer su cualidad y sus acciones y, a fin de cuentas, considerarla persona ejemplar, digna de ser imitada; pero esto, obviamente, no se compadecía con el prejuicio androcéntrico que dominaba la antigua sociedad mediterránea, donde el honor de ser recordado estaba reservado casi exclusivamente a los varones. La ausencia de nombres femeninos en Sirácide 44-50 no se debe simplemente a la misoginia del autor, como sostienen algunos estudiosos, sino que su raíz se hunde en la memoria y en la identidad colectiva de uno de los grupos más influyentes en la sociedad de la época, cuyo máximo representante es el sabio Ben Sira. No cabe duda que hemos recuperado a las mujeres de la Biblia como objeto de estudio, pero ahora quisiera hablar de la mujer como sujeto de estudio de la Biblia, dos realidades que están estrechamente unidas porque han sido principalmente, aunque no exclusivamente, las mujeres las que se han interesado y se siguen interesando por las figuras bíblicas femeninas y los temas afines. Elizabeth Cady Stanton y el grupo de mujeres que la ayudó en su empresa contaban con escasos recursos y poquísima preparación (ella misma lo cuenta en la introducción). En la actualidad la situación es otra, pero con todo las biblistas seguimos siendo menos (muchas menos) que nuestros colegas varones. A pesar de la diferencia numérica, nuestra presencia y contribución en el mundo académico no es irrelevante.

El año pasado en el Pontificio Instituto Bíblico cursaron los estudios de Sagrada Escritura 301 estudiantes de los cuales 50 mujeres. ¡Algo es algo! y ciertamente el porcentaje es mucho más alto que en mi época de estudiante (¡no llegábamos a 10! entre ellas 4 españolas que éramos una auténtica revolución). Más estadísticas: en la Pontificia Universidad Gregoriana de 311 profesores, 61 son mujeres; en mi curso de profetas de este año, de 120 alumnos solo 9 son mujeres. Para dar voz y visibilidad a las mujeres biblistas y para que los lectores puedan aprender de ellas, hemos invitado a algunas a contribuir en nuestro proyecto «donne chiesa mondo». Hemos intentado no repetir nombres para dar cabida a cuantas más mejor (a excepción de la presente que se siente con la responsabilidad de dejar su huella en cada volumen). Muchas son exalumnas del Bíblico, de la Gregoriana y otras provienen de otros ambientes académicos, la mayoría profesoras (algunas ya eméritas) en universidades o en otros centros que, además de cumplir con sus responsabilidades académicas, se dedican a la difusión de la Escritura. Me siento orgullosa de poder conocerlas personalmente a casi todas ellas (alguna rara excepción). Procedentes de distintos continentes y pertenecientes a diversas confesiones religiosas, son personas comprometidas con la Iglesia y la sociedad. Todas, sin excepción han aceptado nuestra invitación. Todas han agradecido que hayamos pensado en ellas y se han mostrado dispuestas a colaborar. Sin excluir a los varones (algunos también han sido llamados a colaborar), hemos creado una red de mujeres biblistas que está dando mucho fruto.

Concluyo. Hace ya algunos años descubrí a las mujeres bíblicas. Ellas siempre habían estado allí, pero yo no había advertido ni su presencia ni su sabiduría. No había oído su voz, no había captado su mensaje, no me había percatado de su fuerza interior y había pasado por alto su fe y confianza en Dios. Las descubrí gracias a otras mujeres que me abrieron los ojos y prepararon el camino. Sus intuiciones, comentarios y publicaciones me facilitaron el viaje por un terreno que para mí era desconocido y que, en cambio, ahora siento como mío. En él me siento en casa.

Por eso, les invito a salir en busca de las mujeres bíblicas sepultadas por el peso secular del silencio. Les invito a rastrear sus huellas, a conocer sus nombres o su anonimato, a escuchar sus historias con atención, para poder así restituirles un rostro y una voz. Les invito a mantener vivo su recuerdo y a reconstruir su historia tejida de luces y sombras. En otras palabras, les invito a profundizar en nuestras raíces bíblicas a través de nuestras ilustres antepasadas.

De Nuria Calduch-Benages

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

21 de Junio de 2018

NOTICIAS RELACIONADAS