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El don de las lágrimas

· En Santa Marta el relicario de la Virgen de Siracusa ·

Y en la homilía el Papa habla de la belleza del matrimonio

«Han traído de Siracusa la reliquia de las lágrimas de la Virgen. Hoy estoy allí y recemos a la Virgen para que nos dé a nosotros y también a la humanidad, que lo necesita, el don de las lágrimas, que nosotros podamos llorar: por nuestros pecados y por tantas calamidades que hacen sufrir al pueblo de Dios y a los hijos de Dios». Con estas palabras el Papa Francisco abrió, el viernes 25 de mayo, la celebración de la misa en Santa Marta. El relicario, que Francisco quiso que fuera colocado junto al altar de la capilla le fue llevado el jueves por la tarde desde la parroquia romana de Santa María de las Gracias en el Triunfal, donde, en estos días, ha estado en el centro de las iniciativas para la fiesta patronal.

Después de la celebración en Santa Marta, el relicario de la Virgen de las lágrimas, confiado al rector del santuario, proseguirá el peregrinaje en las ciudades italianas: la próxima etapa es Livorno.

Fue el propio Papa, en la homilía, quien sugirió una «noticia a los periódicos e informativos»: la mujer y el marido que viven desde hace muchos años juntos «son a imagen y semejanza de Dios» y por eso, deberían ser más noticia que los divorcios, separaciones y escándalos. Es, por lo tanto, una invitación a mirar lo positivo y a redescubrir «la belleza del matrimonio» la esencia de la reflexión del Pontífice, que empezó desde el pasaje evangélico de Marcos (10, 1-12). «Jesús enseña a la masa» afirmó, haciendo notar que «la gente sencilla escucha al Señor porque tiene ganas, tiene sed, tiene sed de doctrina, sed de verdad; tiene una fe que busca crecer». Y la gente sencilla también «intuye que el Señor es un profeta, un maestro y lo sigue. Simplemente escucha».

En cambio, continuó Francisco volviendo a leer el pasaje del Evangelio, «estos fariseos, o también doctores de la ley se acercaron y para ponerlo a prueba le hicieron una pregunta casuística, aquellas preguntas de la fe que “se puede o no se puede”, donde la fe está reducida a un “sí” o a un “no”». Pero «no el gran “sí” o el gran “no” de los que hemos escuchado hablar, que es Dios», hizo presente el Pontífice refiriéndose al pasaje de la carta de Santiago apóstol (5, 9-12). Para los fariseos, en cambio, la cuestión es «se puede o no se puede». Y «la vida cristiana, la vida según Dios, según esta gente, está siempre en el “se puede” y “no se puede”, para ponerlo a prueba».

Pero «cuando escucha estas cosas, el corazón de Jesús sufre y va más allá; va arriba, va arriba» explicó el Papa. «La pregunta es sobre el divorcio, sobre el matrimonio: para ellos, el matrimonio parece que fuera “se puede o no se puede”; hasta qué punto debo ir adelante, hasta qué punto no». En cambio, hizo notar Francisco, «Jesús va arriba y llega hasta la creación y habla del matrimonio que tal vez es la cosa más hermosa» que el Señor hizo «en aquellos siete días, son siete etapas». En el pasaje de Marcos se lee, de hecho, que Jesús les dice: “Desde el inicio de la creación Dios les hizo hombre y mujer; por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos se convertirán en una sola carne. Así ya no son dos, sino una sola carne”». «Es fuerte lo que dice el Señor», relanzó el Pontífice. «Dios —continuó— les creó desde el inicio así y no dice “son solo un espíritu, un solo amor”, no: “una carne”, ¡precisamente no se puede dividir eso!». Pero, añadió. «deja el problema de la separación y va a la belleza del matrimonio, a la belleza de la pareja que debe estar unida». Y así, afirmó el Papa, «el hombre y la mujer dejan a sus familias para comenzar un nuevo camino». Por eso, «hay una ruptura en el hombre y en la mujer para iniciar esto: la ruptura con aquello que estaba antes, con la familia que estaba antes; “deja para convertirse en” y después toda la vida este camino de ir adelante juntos no dos, sino uno». Por lo tanto, «ir por la vida así, uno y lo que es uno debe permanecer uno: esto es lo que dice el Señor».

«Nosotros no debemos detenernos, como estos doctores, en un “se puede o no se puede” dividir un matrimonio» hizo presente el Papa. «A veces está la desgracia de que no funciona —explicó— y es mejor separarse para evitar una guerra mundial, pero esto es una desgracia». Sobre todo «vamos a ver lo positivo». Y en esta perspectiva, añadió, «a mí me gusta hoy hablar de esto, porque entre vosotros hay siete parejas que celebran el quincuagésimo o vigésimo quinto aniversario de matrimonio». Son parejas, afirmó Francisco, que «vienen a celebrar, es decir, a disfrutar frente al Señor por esos cincuenta años, por esos veinticinco años de camino juntos». «Cada uno, cuando llega a este punto, reflexiona sobre el camino recorrido y agradece al Señor» continuó el Papa. «Recuerdo —confió— una vez en una audiencia general, saludando a la gente, me detuve delante de una pareja: ¡eran jóvenes, nunca hubiera pensado que celebraban el sexagésimo! ¡Pero no parecían tan ancianos!». El hecho es que «en ese momento —añadió el Papa— se casaban jóvenes; hoy, para que el hijo se case, la madre debe dejar de planchar sus camisas porque no quiere irse de su casa». Recordando a esa pareja, Francisco confió de nuevo: «Los miré y les dije: “¿estáis contentos?”. Y ellos, mirándome, se miraron a los ojos y luego, cuando volvieron a mirarme, tenían los ojos vidriosos, y ambos me dijeron: “estamos enamorados”. Después de sesenta años, el amor era fuerte como el buen vino: el tiempo ennoblece al buen vino y cuando envejece se vuelve aún mejor».

«Es cierto que hay dificultades, hay problemas con los hijos o en la misma pareja, discusiones, peleas», reconoció el Pontífice. Pero «lo importante es que la carne sigue siendo una y se superan, se superan, se superan». Porque, explicó, «esto no es solo un sacramento para ellos», para los cónyuges, «sino también para la Iglesia, como si fuera un sacramento que llama la atención: “¡mirad que el amor es posible!”». Y «el amor es capaz de hacer vivir enamorados toda la vida —recordó Francisco— con alegría y dolor, con el problema de sus hijos y su problema». Pero lo importante, dijo, es «continuar siempre, en la salud y en la enfermedad, pero siempre seguir adelante. Esto es la belleza». Y «es tan hermoso —explicó el Papa— porque en la Biblia, en el momento de la creación, el Señor los creó hombre y mujer, a su imagen los creó». En el «matrimonio, así, el hombre y la mujer son a imagen y semejanza de Dios». Tanto es así que aquellos que se preguntan: «¿Cómo es Dios?», podemos sugerir mirar «ese matrimonio que durante tantos años va unido, lucha y tiene hijos y continúa: ¡miren, Dios es así!». Precisamente esos dos cónyuges «son a imagen y semejanza de Dios». De hecho, «el matrimonio es un sermón silencioso para todos los demás, un sermón cotidiano». Y «es doloroso» observar que una pareja que vive «durante tantos años juntos no es noticia» para «periódicos e informativos». En cambio, «la noticia es el escándalo, el divorcio o los que se separan: a veces debemos separarnos, como he dicho, para evitar un mal mayor». Pero «la imagen de Dios no es noticia», reiteró Francisco, recordando que «esta es la belleza del matrimonio»: los cónyuges «son a imagen y semejanza de Dios y esta es nuestra noticia, la noticia cristiana».

«Necesitamos pensar más sobre esto», sugirió el Papa. «No es fácil avanzar en la vida matrimonial, en la vida familiar, porque hay tantos problemas, reconoció, pero cuando se logra avanzar y no cae en el fallo, ¡cuánta belleza!». Y el Papa hizo presente, refiriéndose a la carta de Santiago, simplemente «para continuar, la primera lectura nos habló de paciencia: quizás la virtud más importante en la pareja, tanto del hombre como de la mujer, es la paciencia». Y agregó: «Monseñor Assunto Scotti, que trabaja aquí conmigo, a menudo me dice: “se necesita paciencia”. A menudo me lo repite. Sí, se necesita paciencia para continuar un matrimonio. Se necesita paciencia. Pero es la paciencia lo que mantiene esta imagen y semejanza de Dios».

Para concluir, el Papa invitó a rezar «al Señor para que le dé a la Iglesia y a la sociedad una conciencia más profunda y hermosa del matrimonio», para que «todos podamos comprender y contemplar que en el matrimonio está la imagen y la semejanza de Dios».

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19 de Julio de 2018

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