Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

El desafío de la pastoral urbana

· De América latina a Europa ·

El parangón con el urbanismo siempre ha implicado un desafío para la Iglesia. A veces se ha percibido como problemático; otras tan fascinante además de necesario. La atención a la ciudad se deriva de la observación de cómo se generan los nuevos paradigmas culturales en ella. Y dado que el binomio cultura-fe es constitutivo del proceso de evangelización, una Iglesia que quiera anunciar el Evangelio de una manera apropiada al tiempo no puede escapar a tal confrontación.

La línea de «cuidado urbano pastoral» que se inserta en el surco de la «teología del pueblo» de matriz latinoamericana también es de esta opinión. A través del pontificado de Francisco, su difusión ha sobrepasado las fronteras de Sudamérica para imponerse también en el debate europeo. Se trata de entender si este modelo pastoral con fuertes implicaciones teológicas y eclesiológicas es capaz de revitalizar incluso a la Iglesia del viejo continente. Si el problema de Europa occidental es la indiferencia religiosa y el ateísmo, el contexto latinoamericano, aunque presenta algunos aspectos negativos típicos del tiempo actual, parece preservar todavía un horizonte globalmente religioso , dentro del cual la cuestión de Dios se da por supuesta.

El proyecto de la «pastoral urbana» es el resultado de un viaje que la Iglesia en América Latina llevó a cabo en las décadas siguientes al Vaticano II y responde al hecho de una región que es la más urbanizada del mundo. Encuentra su trampolín en el documento que concluye la Quinta Conferencia General de América Latina y el Caribe, celebrada en Aparecida en 2007. En el horizonte de una ruptura general de la transmisión, la Iglesia de América Latina reconoce su dificultad para la transmisión de la fe especialmente a los jóvenes debido a la falta de conocimiento / comprensión de los nuevos códigos existenciales que las mutaciones culturales han determinado. La respuesta de una Iglesia que no quiere cerrarse en el miedo, sino que quiere mantener su celo misionero requiere la confrontación con los grandes laboratorios de la cultura que son las ciudades, en los que procesan los nuevos lenguajes y los nuevos símbolos. Movido por la instancia teológica según la cual el proyecto de Dios es una ciudad, la ciudad santa, el documento sugiere la Iglesia a asumir una mirada contemplativa, capaz de reconocer que Dios está presente en la ciudad. Aquí hay algunas perspectivas pastorales y la propuesta de un proyecto conjunto del ministerio urbano, cuyos puntos principales son: la construcción de una red entre las diferentes instituciones eclesiales, el intento de una presencia de la Iglesia en los nudos en los que se elabora la cultura, la obra de descentralización de los servicios eclesiales.

Las afirmaciones del documento de Aparecida marcan un camino en el que se insertan las diversas contribuciones que, en esta década, han favorecido el desarrollo del modelo de la «pastoral urbana». Al proceder de compartir las premisas, intentan trabajar en torno a las acciones que la Iglesia está llamada a alentar con el objetivo de pasar de un cuidado pastoral a una pastoral misionera, de ser el «arca de Noé» a convertirse en la «barca de Pedro».

de Paolo Carrara

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

22 de Septiembre de 2018

NOTICIAS RELACIONADAS