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​El cielo es un encuentro

· Misa en Santa Marta ·

Para los cristianos el cielo no es «abstracto o lejano» sino que es «el encuentro cara a cara con Jesús» que, mientras «nosotros estamos en camino», nos espera «y reza por cada uno de nosotros». Recordando la fidelidad de Dios a su promesa, el Papa Francisco celebró la misa el viernes 27 de abril en Santa Marta.

Al referirse a la predicación de Pablo en la sinagoga de Antioquía de Pisidia, así como está reportada en el pasaje de los Hechos de los apóstoles propuesto por la liturgia (13, 26-33), el Pontífice repropuso la parte final: «Y nosotros os anunciamos que la propuesta hecha a los padres se ha realizado, porque Dios la ha cumplido por nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús, como también está escrito en el segundo salmo: “Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy”».

Es «la promesa que había hecho Dios», explicó el Papa. Y «el pueblo se puso en marcha con esta propuesta en el corazón». Por lo tanto, «el pueblo de Dios comenzó a caminar con esta promesa en el corazón», con «la conciencia de ser un pueblo elegido» que «sentía la elección de Dios», con «seguridad» —porque «esta elección daba una seguridad en el sello de la alianza que había hecho el pueblo con Dios»— y también «con la esperanza de la promesa que Dios les había dado.

Esta promesa del pueblo de Dios en camino desde el inicio, dice Pablo, se realizó porque Dios la llevó a cabo para nosotros, en Jesucristo» insistió el Pontífice. Y «el pueblo se fiaba de la promesa —continuó— porque sabía que Dios es fiel, tenía esa conciencia». Por el resto, «la infidelidad estaba en el pueblo: muchas, muchas infidelidades en el camino. Pero Dios permanecía siempre fiel y por eso» el pueblo «iba adelante, fiándose de la fidelidad de Dios».

«También nosotros estamos en marcha» hizo presente el Papa. «Estamos en marcha y cuando» nos preguntamos: «pero en camino» hacia dónde, respondemos: «sí, al cielo». Y «¿qué es el cielo?». He aquí, afirmó Francisco, que «comenzamos a resbalar en las respuestas, no sabemos bien cómo decir “qué es el cielo”». Tal vez «muchas veces pensamos en un cielo abstracto, en un cielo lejano, un cielo» que «sí, se esta bien allí».

En cambio, «nosotros caminamos hacia un encuentro: el encuentro definitivo con Jesús» recordó el Pontífice. Y así «el cielo es el encuentro con Jesús y nosotros preparamos este encuentro con los encuentros que hacemos en el camino de la vida del Señor». Pero «el encuentro definitivo, pleno, que nos hará disfrutar para toda la vida —como hemos rezado en la oración de colecta— será siempre con Jesús: un encuentro cara a cara». Porque «Jesús, Dios y hombre, Jesús, en cuerpo y alma nos espera».

Francisco sugirió «volver a este pensamiento: “Estoy caminando en la vida para encontrarme con Jesús”». Un pensamiento «tan simple». Con una conciencia: «Jesús, mientras tanto», no está «sentado allí esperando por nosotros, esperándome: no, Él mismo, en el Evangelio nos dice qué hace: “Creed también en mí; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo”». Son las palabras proclamadas en el pasaje de Juan (14, 1-6) propuesto por la liturgia del día.

«Jesús nos prepara un lugar, Jesús trabaja, en este momento por nosotros», relanzó el Papa. Y «el trabajo de Jesús» es «la intercesión, la oración de intercesión». Así «su sacerdocio que se consumó en la pasión contunúa en el cielo con la intercesión: Jesús reza por mí, por cada uno de nosotros».

Pero «esto debemos repetirlo para convencernos: Él es fiel y Él reza por mí, en este momento». Tanto que «la imagen de la intercesión —las manos así, para hacer ver al Padre las llagas de la pasión— se la llevó consigo». Porque «Jesús reza por mí».

«Hay un pasaje en el Evangelio, en la última cena, cuando Jesús le dice a Pedro: “Rezaré por ti”», recordó el Papa, al señalar que «lo que le dice a Pedro nos lo ha dicho a todos nosotros: “Yo rezo por ti”». Por lo tanto, «cada uno de nosotros debe decir: Jesús está orando por mí, está trabajando, nos está preparando para ese lugar». Y «Él es fiel: lo hace porque lo prometió». Por lo tanto, «el cielo será esta reunión, un encuentro con el Señor que fue allí para preparar el lugar, el encuentro de cada uno de nosotros». Y «esto nos da confianza, aumenta la confianza».

«Yo rezo, pero Él reza por mí» es la verdad sobre la que el Papa quiso poner el acento. «Por esto —explicó— cuando rezamos siempre le decimos al Padre “por nuestro Señor Jesucristo”, porque las oraciones siempre pasan por el que está orando por nosotros». Es precisamente «intercesión, Jesús es el sacerdote intercesor: primero fue el sacerdote que dio su vida por nosotros; ahora él es el sacerdote intercesor, hasta el último momento del mundo». Y «esto debe darnos confianza, aumentar la confianza» de que en el cielo «me están esperando» y que Jesús «está orando por mí» y está preparando «el hogar para mí».

En conclusión, Francisco expresó el deseo «de que el Señor nos dé esta conciencia de estar en el camino con esta promesa en la mano pero también en el corazón». Y «con la conciencia de ser elegido, porque el Señor nos ha elegido a todos y a cada uno de nosotros».

Un camino a seguir «tratando de hacer continuamente, renovar el pacto de fidelidad, para ser más fieles porque Él es fiel». Y así, «el Señor nos da esta gracia para mirar hacia arriba y pensar: “El Señor está rezando por mí”».

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