Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

El Cheyenne perdido entre estereotipos americanos

· «This Must Be the Place» de Paolo Sorrentino ·

El más aclamado de los jóvenes directores italianos, Paolo Sorrentino, que se granjeó el aprecio con Le conseguenze dell’amore , lo confirmó con L’amico di famiglia y lo consolidó también en el exterior con Il divo , ha decidido atravesar el océano en busca de una consagración internacional definitiva. Lo ha hecho, además, eligiendo un autorizado mentor, el premio Óscar Sean Penn, al cual ha encomendado el papel del protagonista en This Must Be The Place , presentado en Cannes y ahora en las salas italianas. Una película ambiciosa, por haber sido rodada a la americana, y porque en definitiva afronta un tema delicado e importante: el Holocausto. Pero la ambición es un arma de doble filo. De hecho, Sorrentino aun realizando una obra interesante, no da plenamente en el blanco. Demasiadas cosas quedan pendientes, tanto en los personajes como en la trama, en un desafío tal vez también prematuro y que sin embargo parece entrar en las condiciones del director.

Para su viaje americano el director se encomienda al protagonista Cheyenne, judío de cincuenta años, ex rock star, que a pesar de haber abandonado la música y los escenarios desde hacía veinte años, ha quedado encarcelado en su personaje: tiene el pelo largo y negro, se cubre el rostro con una cera pálida, usa rímel y lápiz labial. Vive en una enorme casa en Dublín, gozando de los frutos del éxito anterior. Sin embargo, no es feliz, pues está afligido por un aburrimiento que casi parece llegar a la depresión. Está casado desde hace treinta y cinco años con una mujer, Jane (Frances McDormand), que con su sentido común equilibra el aparente despiste de su cónyuge, una alienación de la realidad mitigada sólo por la atención con que sigue una inversión en Bolsa.

La vida de Cheyenne se desarrolla monótona hasta que la muerte de su padre, con el que había interrumpido las relaciones desde hacía mucho tiempo, lo lleva de nuevo a Nueva York, su ciudad de origen. La lectura de los diarios de su padre le presenta una persona desconocida para él. Es un descubrimiento inesperado, destinado a cambiarle la vida: su padre había estado en un campo de concentración alemán y había pasado los últimos treinta años dando la caza a un nazi que lo había sometido a una humillación en el lager.

Cheyenne decide entonces proseguir la búsqueda de un hombre de más de noventa años que podría ya haber muerto desde hacía tiempo, por lo demás sin saber bien qué debía hacer si lo encontraba. Así comienza un improbable viaje que lo llevará sobre todo a resolver las cuestiones pendientes consigo mismo, con su propia vida. En un final demasiado arreglado.

Pero el itinerario que lleva al protagonista a esta meta es incierto. Si Sean Penn logra hacer creíble el personaje de Cheyenne —aun manteniéndolo siempre en el límite de lo grotesco con una caracterización extrema, calcada sobre dificultades expresivas y de movimiento que acentúan su latente incongruencia con el mundo— Sorrentino introduce una serie de figuras sin resolver, desde el amigo broker del protagonista que tiene éxito con las mujeres hasta el desconocido en carrera que de forma inexplicable presta su pick-up al ex rocker, desde el muchacho tímido que corteja torpemente a la joven dark deprimida hasta la mamá de esta última que, alterada hasta el límite de la locura, espera el regreso de un hijo misteriosamente desaparecido de casa. Hasta la misma mujer acomodada de Cheyenne, que además de realizar sorprendentemente el oficio de bombero (una sospechosa alusión al uniforme, de policía, que vistieron los hermanos Coen en Fargo), aparece demasiado positiva y alegre frente al desaire de un marido que no ha dejado de ser niño, y que sigue engañándose para aferrarse a un pasado que quisiera borrar.

Del mismo modo, no parece muy original y lograda la descripción de la America on the road , demasiado estereotipada, marcada por la excentricidad, entre la estatua de pistacho más grande del mundo y el motel que no puede faltar con todas las habitaciones libres, pasando por un extravagante indio que aparece de la nada en una solitaria área de servicio y que queda abandonado a la nada de un desierto sin horizontes.

Aunque tiene aire de ya visto, indudablemente no faltan secuencias interesantes, que dan un sentido a la totalidad, ayudando al espectador un poco perdido a centrar el corazón del filme. Como el camafeo encomendado al gran David Byrne, artista y músico ecléctico, ex líder de los Talking Heads , grupo que firmó la pieza que da el título a la película. A él el director le encomienda, además de la columna sonora y una bella pero innecesaria exhibición en vivo, una de las escenas clave del filme en la que Cheyenne narra su fracaso como rock star y como hombre, el sentido de culpa por la muerte de dos fans que lo habían tomado demasiado en serio. Asimismo, es intenso también el encuentro con el anciano nazi, en cuya boca el director pone palabras inesperadas, y de algún modo valientes, sobre víctimas y verdugos.

En estos pasajes —gracias a puntos de vista no descontados y a diálogos esenciales y nunca banales— se ve el toque del mejor Sorrentino, el del intimismo de los orígenes, que lo lleva a afrontar de manera escueta pero eficaz temas profundos, como el sentido de culpa y la relación entre padre e hijo. Aunque al final prevalece el dilema que acompaña en la segunda parte del filme al protagonista, dividido entre venganza y perdón.

Momentos elevados, por tanto, junto a otros menos logrados, para un filme de buena calidad, pero con algunos límites. Y algunas dudas. Como la elección de tratar, aunque sea como telón de fondo, el tema del Holocausto, que podría parecer un modo astuto de ganarse al jurado de los Academy Awards .

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

22 de Agosto de 2018

NOTICIAS RELACIONADAS