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El abuso y el concepto de poder

· El presidente de la Conferencia episcopal argentina ·

La clave para comprender el fenómeno de los abusos sexuales está en la concepción del poder. Porque el abuso es siempre una explotación de una posición de inferioridad, sea esta física, psicológica o jerárquica. Está convencido de ello el obispo Oscar Ojea, presidente de la Conferencia episcopal argentina. La Iglesia en el país sudamericano ha presentado normas urgentes en materia de abusos cometidos por miembros del clero, intentando facilitar la posibilidad para las víctimas de denunciar sin temor. En la página web del propio organismo están presentes las líneas guía de implementación de estas disposiciones y las indicaciones para un comportamiento apropiado en el caso de que se tenga conocimiento de situaciones sospechosas.

Si el poder está en la raíz, el silencio, de hecho, es uno de los frutos más odiosos. El menor vulnerable, explica el prelado, entra en una red de indiferencia: «En el silencio hay factores neurológicos y psicológicos implicados, el silencio es parte del trauma del abuso y el comienzo de poder hablar es parte de la curación». Desde ese momento se inicia una nueva fase, liberadora, pero dolorosa, que debe tener en cuenta diversos aspectos públicos, desde la justicia a la reparación. «Para que haya abuso sexual -explica nuevamente monseñor Ojea- seguramente tiene que haber habido abuso de autoridad y manipulación de la conciencia». Una conciencia manipulada no es capaz de expresarse adecuadamente. A menudo pierde también la capacidad de comunicar lo que le está sucediendo. «Empezar a resolver el problema grave que es el abuso comienza con poder comunicar y hablar, pero eso es posible si todos aprendemos a generar el espacio para escuchar. A partir de ahí, podemos empezar a reparar. Esto implica accionar en varios planos como la justicia, psicología y la espiritualidad. La sanación -explica el prelado- supone además cerrar las heridas, el dolor y el enojo profundo. Es imprescindible orientar toda esa fuerza y esa energía para poder capitalizar todo ese dolor, llamado a ser semilla de un mundo que nos permita entrar en una cultura del cuidado, enseñando a los chicos, chicas y a los jóvenes para saber decir que no cuando se trata de la invasión de la propia intimidad. A confiar en los adultos responsables». Porque el abuso casi siempre tiene su origen en experiencias de violencia que generan otras en una desesperada coacción a repetirlo. Romper este círculo es dar una gran contribución a la prevención.

de Marco Bellizi

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20 de Julio de 2019

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