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​Edith, las especias y el catolicismo

Todo comenzó con la vainilla y la intuición genial de una señora que llegó de lejos. Edith Elise Jaomazava nació en Madagascar en 1970 y llegó a Moncalieri (Turín) en 1997. De ella se puede decir que conjugó perfectamente la riqueza de su tierra de origen y las exigencias de su nuevo país. “Al comienzo fue muy difícil –le cuenta a Silvia Gusmano en el portal madamaricetta.it–. Era ‘negra’ en una ciudad muy cerrada. No encontraba trabajo, y así puse en práctica el conocimiento que había atesorado en mi familia, un patrimonio de cuatro generaciones: la cultivación de la vainilla”. Edith viaja a Madagascar y vuelve con unos kilos de la valiosa especia que en Italia se consigue casi exclusivamente como producto sintético, y lo revende a algunas pastelerías de Turín. “Fue un éxito, y decidí proseguir”. En pocos meses la nueva empresaria aprende el italiano, saca el carné de conducir, sigue un curso de alimentación, en una palabra, estudia. Y en 2004 funda SA.VA, empresa de importación y comercialización de especias que aumenta de año en año su oferta y su facturación. Poco después abre una tienda en el centro de Turín, Atelier Madagascar, en la que vende casi cuarenta tipos de especias provenientes de todo el mundo. En 2010 es nombrada empresaria extranjera del año en el ámbito del prestigioso Money Gram Award y hoy, no obstante la crisis, sigue proyectando con gran entusiasmo. Su prioridad es mejorar las condiciones de vida de Madagascar, donde desde hace años trabajan decenas de campesinos (llegan a ser trescientos en la estación alta). Católica, madre de cuatro hijos que educa sola, Edith está agradecida a Italia, a pesar que aún experimenta el racismo: en la Ópera “la gente aún me mira como si fuera una extraterrestre”, y el domingo, cuando voy a la iglesia a cantar con satisfacción, “oyen mi voz, pero no me ven”.

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26 de Febrero de 2020

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