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Donde late
el corazón de Polonia

Según un antiguo dicho popular, para comprender cómo late el corazón de Polonia hay que ir a Częstochowa. Por ello Francisco al inicio de su decimoquinto viaje internacional hizo una pausa de oración en Jasna Góra, sobre el Monte claro, donde los corazones de los polacos laten al unísono con el de la Madre de Dios. Częstochowa es el santuario de la nación, es el altar, es el confesionario, es el lugar de la transformación espiritual, de la conversión, el punto de referencia que une a todo el pueblo, como le gustaba decir a Juan Pablo II. Con este espíritu fue el jueves 28 de julio, por la mañana, el peregrino Francisco, pasando más de tres horas en la ciudad mariana donde se venera la Virgen negra.

Después de rezar en la capilla de la milagrosa imagen, presidió la misa solemne con ocasión del 1050° aniversario del bautismo del país. Una cita con la historia polaca postergada medio siglo: en efecto, para las celebraciones del milenario en 1966 el régimen comunista impidió la participación de Pablo VI. Por lo cual, durante el rito celebrado por el cardenal Wyszyński y por el entonces arzobispo de Cracovia Karol Wojtyła, con la presencia de medio millón de fieles, recordaban al Papa ausente el retrato de Montini y la sede vacía sobre la cual se había depositado un ramo de rosas blancas y amarillas.

Ahora, medio siglo después, el Papa argentino llegó para unirse idealmente a los más de cuatro millones de peregrinos que cada año van al lugar a invocar a María.

Al bajar del coche, Francisco bendijo a un grupo de ancianos y enfermos, luego entró en la basílica y recorriendo la nave central se dirigió a la capilla ubicada sobre el altar mayor. Tras el saludo que le dirigió el padre Arnold Chrapkowski, superior general de los paulinos que se ocupan del santuario, el Pontífice observó la cobertura de oro y plata que lentamente se levanta y muestra el icono de la Virgen con el Niño al ritmo de las tradicionales «cornetas».

Antes de recitar un Avemaría e impartir la bendición, Francisco depositó una rosa de oro, la tercera recibida por la Virgen de Jasna Góra, después de la que hizo preparar Montini para el famoso «viaje negado» y luego llevada por Juan Pablo II en 1979; y la entregada hace diez años por Benedicto XVI durante la visita realizada del 25 al 28 de mayo siguiendo los pasos del predecesor. Quien el 1 de abril de 2005, el día anterior a su muerte, bendijo y ofreció las coronas de oro del icono. Por lo demás, el 4 de junio de 1979 precisamente en este santuario Wojtyła había confiado a María su pontificado. Y en 1982 había donado un corazón de oro con la inscripción Totus tuus. Por último, desde el año 2004 está también en el lugar el fajín manchado de sangre que el Papa polaco llevaba el día del atentado en la plaza de San Pedro. Como regalo Francisco dejó también un cáliz, recibiendo de la comunidad una copia de la Virgen Negra.

de nuestro enviado Gianluca Biccini

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22 de Noviembre de 2019

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