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Donde desaparece Dios el hombre es esclavo de las idolatrías

· El profeta Elías y la oración en la catequesis de Benedicto XVI en la audiencia general ·

Cuando Dios “desaparece” del horizonte del hombre, “el hombre cae en la esclavitud de idolatrías, como han mostrado en nuestro tiempo los regímenes totalitarios y como muestran también diversas formas de nihilismo que hacen al hombre dependiente de ídolos, de idolatrías y le esclavizan”. Son los peligros a los que remite la historia del profeta Elías, historia que relanzó el Papa en su catequesis durante la audiencia general de esta mañana, miércoles 15 de junio, en la plaza de San Pedro, dedicada al profeta y a la prueba que impuso al pueblo de Israel pidiéndole que optara entre Dios y el ídolo Baal.

“La idolatría —precisó Benedicto XVI— es la tentación continua del creyente que, haciéndose ilusiones de poder servir a dos señores, intenta servir al Omnipotente poniendo su confianza también en un dios impotente hecho por los hombres”. Elías —explicó— vivió un momento de crisis cuando en Israel se había creado una situación de abierto sincretismo. Y se encontró así ante un pueblo dispuesto a ceder a las adulaciones de quien proponía un dios maleable y propenso a dejarse plasmar por el hombre para su uso y disfrute. Para desenmascarar “la necedad engañosa” de quien proponía ídolos, el profeta reunió al pueblo de Israel ante un altar que él mismo había erigido e invocó a Dios «involucrándole en la historia de los hombres».

Y Dios se manifestó. Una vez más lo hizo en el fuego, un elemento «a la vez necesario y terrible —recordó Benedicto XVI— ligado a las manifestaciones divinas de la zarza ardiente y del Sinaí». Este fuego de Dios que transforma nuestro corazón —subrayó el Papa— es “el verdadero fuego de Dios, el amor que guía al Señor hasta la cruz, hasta el don total de sí”.

El objetivo primario de la oración, por lo tanto, es la conversión —señaló—, así como la verdadera adoración a Dios es “darse uno mismo a Dios y a los hombres. La verdadera adoración es el amor. La verdadera adoración de Dios no destruye, sino que renueva, transforma”

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25 de Enero de 2020

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