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Dolor y vergüenza por los abusos

«No puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza, vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia. Me quiero unir a mis hermanos en el episcopado, ya que es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que hemos de empeñarnos para que no se vuelva a repetir».

El Papa Francisco pronuncia su primer discurso oficial público en Chile frente a las autoridades políticas y a los representantes de la sociedad civil reunidos en el palacio de la Moneda, la sede colonial de la presidencia en Santiago. Afronta así, desde el primer momento, la difícil cuestión de los abusos sexuales sobre a menores que han turbado a los fieles y a la sociedad chilena al completo. Con un lenguaje abierto, concreto. Francisco no usa eufemismos y llama a la iglesia a sus responsabilidades, pidiendo perdón.

El papa llegó a bordo de un utilitario y fue acogido por un piquete de honor. Después de la breve ceremonia de los himnos, el Pontífice, al lado de la presidente Michelle Bachelet, vestida de negro y azul, hizo su entrada en la plaza de la Constitución: un largo paseo en el lugar símbolo del país, donde aún están visibles las heridas de la memoria. Aquí se escribió una de las páginas más oscuras y controvertidas de la historia reciente: el golpe de estado chileno de septiembre de 1973, cuando las fuerzas armadas guiadas por el general Pinochet asaltaron la Moneda, poniendo fin a la democracia de Salvador Allende. Se instauró así un régimen de terror que durante diecisiete años oprimió al pueblo chileno, torturando y matando a miles de personas.

Dentro del Palacio, Francisco saludó a todos los presentes y estuvo rodeado por un pequeño grupo de chicos discapacitados. Antes de subir al palco, se detuvo para saludarlos y para abrazarlos.

En su discurso, la presidenta chilena afirmó: «Hoy abrimos las puertas de casa a un amigo». Bachelet reivindicó la realidad de Chile, «un país tolerante, donde se respeta el diálogo, la tolerancia y la solidaridad. Necesitamos vencer nuestras diferencias y continuar consolidando las instituciones del sistema democrático».

Recordó también «todas las cuestiones aún por resolver por el sistema democrático en el país, entre ellas, la deuda con las poblaciones mapuches». Después reafirmó la importancia del papel de la Iglesia en la historia del país.

Francisco, el segundo Papa que visita Chile después de Juan Pablo II, afirmó en su saludo: «La diversidad y riqueza geográfica que poseen nos permite vislumbrar la riqueza de esa polifonía cultural que los caracteriza». Después de haber recordado cómo Chile es «se ha destacado en las últimas décadas por el desarrollo de una democracia que le ha permitido un sostenido progreso», Francisco invitó después a los políticos a desarrollar la cultura de la escucha hacia «los pueblos originarios, frecuentemente olvidados y cuyos derechos necesitan ser atendidos y su cultura cuidada, para que no se pierda parte de la identidad y riqueza de esta nación». Francisco concluyó su discurso con un deseo para el pueblo chileno: «ruego para que la Virgen del Carmen, Madre y Reina de Chile, siga acompañando y gestando los sueños de esta bendita nación».

El Papa saludó después, antes del encuentro privado con la presidenta Bachelet, a todos los exjefes del estado chileno mientras que en el parque O’Higgins más de cuatrocientas mil personas lo esperaban para su primera gran homilía en tierra andina.

Con el cierre de la presidencia de Bachelet, América latina está a punto de volver a una situación que le resultaba ajena desde hace más de una década: todos los países de la región estarán pronto guiados por hombres. Cuando Bachelet inició su primer mandato en 2006, América latina pareció cambiar su tradición de dominación masculina en las más altas posiciones de poder. Desde aquel año, en el continente se registró una victoria de mujeres en Argentina, Brasil y Costa rica.

De nuestra enviada Silvina Pérez

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22 de Septiembre de 2019

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