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Doble vida

· Misa en Santa Marta ·

Los consejos de san Juan a la «Iglesia adolescente» del siglo primero son muy válidos también hoy para nosotros y Francisco volvió a proponerlos, relanzando precisamente los contenidos de la primera lectura del apóstol: no llevar una doble vida y no ceder ante la mentira, conscientes de que, incluso siendo pecadores, tenemos un Padre que nos perdona. He aquí la reflexión propuesta por el Papa el viernes 29 de abril, por la mañana, en la misa celebrada en Santa Marta.

«La liturgia de hoy —destacó inmediatamente— nos habla de mansedumbre, de humildad; nos habla de descanso en Dios, cuando estamos cansados, oprimidos; nos habla de dulzura». Y es precisamente «lo que Jesús dice en el Evangelio, cuando alaba al Padre: “Señor, Tú has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños”». El Señor, añadió el Papa citando el texto evangélico de Mateo (11, 25-30), «nos habla de pequeñez, de esa pequeñez que le gusta a Dios».

También en la primera lectura de san Juan apóstol (1,5-2,2), explicó, «lo que llama la atención es el mismo estilo: nos hace pensar en un abuelo que da consejos a sus jóvenes nietos». En efecto, Juan «se dirige a una “Iglesia adolescente”, pero también a una Iglesia que, para ser fiel, deber seguir siendo pequeña como un niño, abierta, humilde».

Particularmente significativas, sugirió el Papa, son las primeras palabras de la carta de san Juan: «Hijos míos». En esa expresión está «precisamente la sabiduría de un abuelo que habla y tiene una herencia». Y «¿cuál es el consejo que da? ¡No seáis mentirosos! No digáis y no deis a entender que Dios es un mentiroso». Pero «¿cómo es que da este consejo? Con un par de palabras que se oponen entre sí: luz y tiniebla; pecado y gracia». Es evidente que, afirmó el Pontífice, «si decimos que estamos en comunión con Dios, que es luz, y caminamos en tinieblas, mentimos». Por esto Juan «simplemente dice: permaneced en la luz; sed abiertos con la verdad del Evangelio; no caminéis por sendas oscuras, por caminos tenebrosos, porque allí no está la verdad, allí se esconde otra cosa, no seáis mentirosos».

«Siempre la luz», en resumen. Por ello «si tú dices que estás en comunión con el Señor, camina en la luz: la doble vida, ¡no! ¡Eso no!». Un no firme, por lo tanto, a «esa mentira que estamos tan acostumbrados a ver, a caer en ella incluso nosotros: decir una cosa y hacer luego otra». Es una tentación que vuelve siempre. Pero «nosotros sabemos de dónde viene la mentira: en la Biblia, Jesús llama al diablo “padre de la mentira”, el mentiroso».

Precisamente «por esto, con tanta dulzura, con tanta mansedumbre, este abuelo dice a la “Iglesia adolescente”: ¡no ser mentirosa! Tú estás en comunión con Dios, camina en la luz; haz obras de luz, no digas una cosa para hacer luego otra, no a la doble vida y todo esto». Lo de Juan es «un consejo sencillo, pero que nos ayuda porque nos lleva a pensar en nosotros mismos». Al respecto, Francisco sugirió también algunas preguntas directas para un examen de conciencia personal: «¿Camino siempre en la luz? ¿Estoy siempre bajo la luz de Dios? ¿Soy transparente o soy algunas veces oscuro y otras veces luminoso?».

«Si decimos no tener pecado, nos engañamos», alertó el Papa. Porque «todos somos pecadores, todos hemos pecado». Así, «si decimos no haber pecado, hacemos de Dios un mentiroso». Y «su Palabra no está en nosotros, porque todos somos pecadores». Juan, en su carta, es claro y explica: «No tengáis miedo, hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno ha pecado, si alguno peca, que no se desanime. Tenemos un Paráclito, una Palabra, un abogado, un defensor ante el Padre: es Jesucristo, el Justo. Él nos justifica, nos da la gracia».

Escuchando estos consejos de Juan, dijo Francisco, «uno siente ganas de decir a este abuelo: “¿Pero no es algo tan malo cometer pecados?”». No, continuó el Papa, «¡el pecado es algo malo! Pero si tú has pecado, mira que te esperan para perdonarte. ¡Siempre! Porque Él —el Señor— es más grande que nuestros pecados».

«Esto —explicó el Pontífice— es la vida cristiana, este es el consejo que da este abuelo a sus nietos, a esta Iglesia del siglo primero que ya es una hermosa experiencia de Jesús: siempre en la luz, sin mentiras, sin ocultar, sin hipocresías. Es el camino de la luz».

Respecto al pecado, Francisco repitió que si bien es verdad que «todos somos débiles y todos hemos pecado», sigue siendo firme la invitación a no tener miedo porque Dios «es más grande que nuestros pecados, más bueno». Y «Él nos espera con esa actitud que hemos recitado en el salmo: “Misericordioso y compasivo es el Señor. Tardo a la cólera y lleno de amor... Cual la ternura de un padre para con sus hijos, así de tierno es el Señor para quienes le temen, porque Él sabe de qué estamos plasmados. Se acuerda de que somos polvo”» (Salmo 102).

Es, en el fondo, «la hermosa experiencia de buscar al Señor, de encontrar al Señor». Hasta llegar a reconocer el hecho de haber resbalado, de haber pecado. Para llegar a escuchar del Padre: «Quédate tranquilo, yo te perdono, te abrazo». Y «esta es la misericordia de Dios, es la grandeza de Dios: es más grande que nuestros pecados, más dulce, porque Él sabe que somos polvo, somos nada. La fuerza sólo viene de Él». Y, así, «el Señor siempre nos espera».

Concluyendo la homilía, Francisco invitó a recordar la lectura de la liturgia del día, a Juan que como un abuelo nos aconseja y nos llama «hijos míos». Y, siguiendo esos consejos, «caminemos en la luz porque Dios es luz: no caminar con un pie en la luz y el otro en las tinieblas; no ser mentirosos». Lo importante es ser conscientes de que «todos hemos pecado» y «nadie puede decir: este es un pecador, esta es una pecadora» mientras que «yo, gracias a Dios, soy justo. ¡No!». Porque, dijo una vez más el Pontífice, «sólo uno es justo, el que ha pagado por nosotros». Y «si alguien peca, Él nos espera, nos perdona porque es misericordioso y sabe bien de qué estamos hechos; se acuerda que somos polvo». Que «la alegría que nos da esta lectura —dijo el Papa— nos impulse hacia adelante en la sencillez y la transparencia de la vida cristiana, sobre todo cuando nos dirigimos al Señor. Con la verdad».

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21 de Septiembre de 2019

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