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Dios juzgará según el criterio del amor

· En el Ángelus el Papa recuerda a san Vicente de Paúl, patrono de las organizaciones caritativas católicas ·

Chiara Badano testimonia que el amor es más fuerte que el mal y que la muerte

En el Ángelus del domingo 26 de septiembre, en el patio del palacio pontificio de Castelgandolfo, Benedicto XVI reflexionó sobre la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro, recordando, en particular, la figura de san Vicente de Paúl y citando un ejemplo contemporáneo de caridad, la nueva beata Chiara Badano. Después, en sus saludos en distintos idiomas, recalcó que el citado pasaje evangélico «es una alerta para dirigir especial atención por los pobres en toda circunstancia». Parábola que «nos recuerda —añadió— que el día del juicio Dios derribará toda injusticia del mundo. Juzgará a los ricos y a los pobres según el criterio del amor. Reparará los males y los infortunios». «Que nuestros corazones se impregnen del espíritu de solidaridad con quien se encuentra en necesidad —invitó—. Seamos colaboradores de Dios en la multiplicación del amor sobre la tierra». Igualmente, ante los fieles y peregrinos, agradeció de nuevo las oraciones que le han acompañado en su reciente viaje apostólico al Reino Unido y se despidió de la comunidad de Castelgandolfo, en vísperas de su regreso al Vaticano —el jueves 30—. Esta fue la alocución del Papa antes de la oración mariana:

Queridos hermanos y hermanas:

En el evangelio de este domingo ( Lc 16, 19-31) Jesús narra la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro. El primero vive en el lujo y en el egoísmo, y cuando muere, acaba en el infierno. El pobre, en cambio, que se alimenta de las sobras de la mesa del rico, a su muerte es llevado por los ángeles a la morada eterna de Dios y de los santos. «Bienaventurados los pobres —había proclamado el Señor a sus discípulos— porque vuestro es el reino de Dios» ( Lc 6, 20). Pero el mensaje de la parábola va más allá: recuerda que, mientras estamos en este mundo, debemos escuchar al Señor, que nos habla mediante las sagradas Escrituras, y vivir según su voluntad; si no, después de la muerte, será demasiado tarde para enmendarse. Por lo tanto, esta parábola nos dice dos cosas: la primera es que Dios ama a los pobres y les levanta de su humillación; la segunda es que nuestro destino eterno está condicionado por nuestra actitud; nos corresponde a nosotros seguir el camino que Dios nos ha mostrado para llegar a la vida, y este camino es el amor, no entendido como sentimiento, sino como servicio a los demás, en la caridad de Cristo.

Por una feliz coincidencia, mañana celebraremos la memoria litúrgica de san Vicente de Paúl, patrono de las organizaciones caritativas católicas, de quien se recuerda el 350º aniversario de fallecimiento. En la Francia del 1600, precisamente, conoció de primera mano el fuerte contraste entre los más ricos y los más pobres. De hecho, como sacerdote, tuvo ocasión de frecuentar tanto los ambientes aristocráticos como los campos, igual que las barriadas de París. Impulsado por el amor de Cristo, Vicente de Paúl supo organizar formas estables de servicio a las personas marginadas, dando vida a las llamadas «Charitées», las «Caridades», o bien grupos de mujeres que ponían su tiempo y sus bienes a disposición de los más marginados. De estas voluntarias, algunas eligieron consagrarse totalmente a Dios y a los pobres, y así, junto a santa Luisa de Marillac, san Vicente fundó las «Hijas de la Caridad», primera congregación femenina que vivió la consagración «en el mundo», entre la gente, con los enfermos y los necesitados.

Queridos amigos, ¡sólo el Amor con la «A» mayúscula da la verdadera felicidad! Lo demuestra también otro testigo, una joven que ayer fue proclamada beata aquí, en Roma. Hablo de Chiara Badano, una muchacha italiana, nacida en 1971, a quien una enfermedad llevó a la muerte en poco menos de 19 años, pero que fue para todos un rayo de luz, como dice su sobrenombre: «Chiara Luce». Su parroquia, la diócesis de Acqui Terme, y el Movimiento de los Focolares, al que pertenecía, están hoy de fiesta —y es una fiesta para todos los jóvenes, que pueden encontrar en ella un ejemplo de coherencia cristiana—.

Sus últimas palabras, de plena adhesión a la voluntad de Dios, fueron: «Mamá, adiós. Sé feliz porque yo lo soy». Alabemos a Dios, pues su amor es más fuerte que el mal y que la muerte; y demos gracias a la Virgen María, que guía a los jóvenes, también a través de las dificultades y los sufrimientos, a enamorarse de Jesús y a descubrir la belleza de la vida.

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20 de Enero de 2019

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