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Dios  es la casa de hombre

· En la solemnidad de la Asunción el Papa celebra la misa y guía el Ángelus en Castelgandolfo ·

Es un mundo peor aquel que se aleja de Dios. Aunque haya quien crea que se hace mejor. El Papa lo recuerda subrayando que sólo la presencia de Dios «puede garantizar también un mundo bueno». Y llama como testigo a María, la Madre de Dios, el día en que la Iglesia celebra su Asunción a los cielos. Numerosos fieles de la región de los Castelli romani, presentes el pasado miércoles en la iglesia parroquial de San Tommaso de Villanova, asistieron a la tradicional misa del 15 de agosto. Durante la homilía, el Pontífice ponderó el gran corazón de María, capaz de contener a «toda la creación». Por eso la Virgen, explicó, es tan cercana al hombre, puede escuchar y puede ayudar a todos. Pero hay más. La Virgen, añadió el Papa, está unida a Dios, más aún, «tiene el corazón grande como el corazón de Dios». Por tanto, si «en Dios hay espacio para el hombre» también en el hombre hay espacio para Dios. Y su presencia entre nosotros —«tan importante para iluminar el mundo en su tristeza, en sus problemas», añadió Benedicto XVI—  se realiza en la fe, ya que en ella abrimos las puertas de nuestro ser a Dios para encontrar «la fuerza que da vida y camino a nuestro ser». Y he aquí el valor del testimonio de la Asunción para el hombre de hoy en día: abrirnos a Dios no significa perder nada. Es más «nuestra vida se hace rica y grande». Muchas cosas podrían decirse a propósito del mundo mejor que se anhela, cuya realización es «nuestra esperanza». No sabemos si este mundo mejor vendrá, dijo Benedicto XVI. Pero una cosa es cierta: «Dios nos aguarda, nos espera; no vamos al vacío, él nos espera». Dios nos espera: «es nuestra gran alegría —concluyó— y la gran esperanza que nace de esta fiesta».

Luego, a mediodía, el Pontífice guió el rezo del Ángelus, volviendo a reflexionar sobre el significado de la solemnidad mariana con los fieles reunidos en el patio del palacio apostólico. «En la Iglesia católica el dogma de la Asunción —recordó el Papa— fue proclamado durante el Año Santo de 1950. Sin embargo, la celebración de este misterio hunde sus raíces en la fe y en el culto de los primeros siglos de la Iglesia, por la devoción profunda hacia la Madre de Dios que ha ido desarrollándose en la comunidad cristiana».

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18 de Junio de 2019

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