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Dios ama a cada uno como un padre y como una madre

· Misa en Santa Marta ·

Dios ama a cada uno de nosotros «como un padre y como una madre»: para recordarlo el Papa Francisco sugirió la imagen de esa flor delicada llamada precisamente «no me olvides» que en Argentina se regala a las madres en el día de su fiesta: «de color azul claro si la madre está viva y de color violeta si la madre ha fallecido». Porque precisamente «como una madre» Dios «fiel en la esperanza» no se olvida nunca de un hijo suyo, afirmó el Pontífice en la misa celebrada el jueves por la mañana, 22 de marzo, en Santa Marta.

«A las puertas de semana santa – hizo notar en seguida el Papa – la Iglesia nos hace reflexionar sobre el Señor que no olvida, sobre nuestro Dios fiel». Y de hecho «hemos repetido en el salmo (104): “El Señor se acuerda de su alianza eternamente”». El Señor, reiteró el Pontífice, «nunca olvida, nunca, porque Él es fiel, no puede no ser fiel: Él es la fidelidad».

«En la primera lectura – explicó Francisco haciendo referencia al libro del Génesis (17, 3-9) — está la narración del cambio de nombre de Abraham, cuando el Señor le dice: “Por mi parte he aquí mi alianza contigo”». Por tanto, Dios no hará una alianza «con esos, no: contigo». Así es, entonces, que «el Señor hará una alianza con Abraham, una alianza que se prolongará, se alargará; en la historia se convertirá en un pueblo: un pueblo que ha hecho muchas».

Por otro lado «los pecados del pueblo los conocemos» afirmó el Papa: «Muchas veces, en el desierto, después de la liberación de Egipto, la idolatría, las cosas que ha hecho el pueblo». Y también «el Señor es fiel». Y «esta es la imagen que la Iglesia quiere para nosotros al principio de la Semana Santa: nosotros iremos en camino con el Señor fiel, que nos ha elegido, que me ha elegido y no se olvida de mí, porque Él tiene ese amor visceral, que hace no olvidarse». Precisamente «esta es la fidelidad de Dios».

«En mi tierra – confió Francisco – hay una pequeña flor que se regala a las madre el día» de la fiesta «de la madres y tiene dos colores: un azul claro para las madres vivas, y uno violeta para las madres fallecidas». Sí, esta flor, «tiene dos colores y se llama no me olvides».

Precisamente «este es el amor de Dios, como el de la madre: Dios no se olvida de nosotros, nunca, no puede, es fiel a su alianza». Ciertamente, añadió, «esto nos da seguridad» tanto que «de nosotros podemos decir “pero, mi vida es muy fea, estoy en esta dificultad, soy un pecador, una pecadora”». Pero «Él no se olvida de ti, porque tiene este amor visceral y es padre y madre: eso es todo». Y es «con este amor que nosotros entramos en la Semana Santa».

«Y después esta fidelidad de Dios nos lleva a la alegría» explicó el Pontífice, proponiendo de nuevo el contenido del pasaje evangélico de Juan (8, 51-59), propuesto hoy por la liturgia: es exactamente «lo que Jesús responde a los judíos: “Abraham vio mi vida, exultó en la esperanza”». Quizá «¿por que yo soy bueno? No, porque Él es fiel».

«Exultar en la esperanza» insisto el Papa, porque «cada uno de nosotros sabe que no es fiel, ninguno de nosotros es fiel, pero Él sí». Esta es «nuestra esperanza y nuestra alegría: su fidelidad que nos toma de la mano y no nos deja, no te deja». Al respecto Francisco sugirió pensar «en el ladrón bueno: el Dios fiel no puede renegarse a sí mismo, no puede renegar de nosotros, no puede renegar de su amor, no puede renegar de su pueblo, no puede renegar porque nos ama». Y «esta es la fidelidad de Dios».

Prosiguiendo en su meditación, el Pontífice explicó también la actitud adecuada para tener «cuando nosotros nos acercamos al sacramento de la penitencia: por favor, no pensemos que vamos a la tintorería a quitar las suciedades, no». Más bien nosotros «vamos a recibir el abrazo de amor de este Dios fiel, que nos espera siempre. ¡Siempre!». Y «esto nos lleva a la alegría, a exultar en esperanza». Precisamente «con este sentimiento nosotros debemos empezar la Semana Santa: el sentimiento de un Dios que no se olvida de nosotros, que es fiel en la esperanza».

«Hay una última cosa» afirmó todavía el Papa: «El Evangelio de hoy termina con un versículo interesante, dice que estos doctores de la ley “entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo”». Las piedras, por tanto, «para lapidar a los pecadores». Sin embargo «la fidelidad a Dios nunca lapida un pecador».

«Las piedras para oscurecer la verdad de la resurrección, delante del sepulcro, cerrada ahí; las piedras para matar» reiteró Francisco. «Pero si nosotros no reconocemos la fidelidad de Dios, el mismo Señor nos dice: “Gritarán las piedras, serán más fuertes que nosotros”».

«Yo no quisiera añadir ninguna cosa, es muy claro esto» concluyó el Papa. Y exhortó, «empezamos la semana así: Él es fiel, Él me conoce, Él me ama, nunca me dejará solo, me lleva de la mano; ¿qué puedo querer? ¿Qué más? ¿Qué debo hacer? Exulta en esperanza, exulta en la esperanza, porque el Señor te ama como padre y como madre».

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