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​Diálogo para promover la paz

· El Papa está en Myanmar ·

Los rostros sonrientes de un colorido grupo de niños acogieron a Francisco a su llegada a Myanmar. En el centro de la atención mediática mundial por la primera visita de un Papa, el país elegido mostra su mejor parte: una representación de millones de niños que viven en esta antigua nación, cuya historia se pierde en la noche de los tiempos, pero demográficamente jóvencísima. Las niñas que acogieron al Pontífice tenía el rostro adornado con thanakha, un polvo tomado de la madera usada para el maquillaje y para protegerse del sol que en esta zona calienta mucho. Los niños llevaban el longyi, típica indumentaria de algodón tejido alrededor de la vida.

El Airbus a330 de Alitalia con el Pontífice a bordo aterrizó en Yangon a las 13.20 hora local, después de diez horas de vuelo. Al principio del viaje, como es habitual, saludó a la tripulación y a los periodistas: «Buenas noches y muchas gracias por la compañía. Gracias por vuestro trabajo que siempre siembra tanto bien. Os deseo buena estancia. Dicen que hace demasiado calor, lo siento, pero que al menos sea fructífero».

Al llegar y todavía a bordo del avión, el Pontífice fue saludado por el nuncio apostólico Paul Tschang In-Nam y el jefe de protocolo. Bajando de las escaleras, Francisco fue acogido por un ministro delegado del presidente de la República, niños con vestidos tradicionales que agitaban banderas con los colores nacionales, y por algunos obispos del país, guiados por el primer cardenal de Myanmar, el salesiano Charles Maung Bo, arzobispo de Yangon.

En el aeropuerto la ceremonia de bienvenida se desarrolló de forma sencilla, sin discursos oficiales, con la presentación de las delegaciones. Al finalizar, Francisco subió en una berlina azul directo al arzobispado, donde reside. El edificio, de arquitectura italiana, se sitúa a espaldas de la catedral católica de Saint Mary y aloja también la sede de la Conferencia episcopal.

Esperaban al Papa muchas personas en fiesta. Y muchas eran las que estaban sentadas por las calles del recorrido, a lo largo del cual Francisco pudo ver los primeros destellos de esta tierra. Sobre Yangon parece vigilar la cúpula de oro revestida de cuatro mil brillantes de la Shwegadon Paya, la más sagrada pagoda de Myanmar, que conserva reliquias de Buda y que fue visitada por la tarde de forma privada por el séquito papal. Construida hace 2500 años, mide 99 metros de altura y es visible desde cualquier rincón de la ciudad. Por otro lado, el budismo theravada es profesado por casi el 90% de la población, mientras que los cristianos son solo el 5% y los musulmanes el 3'5%.

Yangon, con casi seis millones de habitantes, es todavía la ciudad más grande del país no obstante no sea ya la capital. Conserva las hazañas del glorioso pasado de antiguos reinos y trazos evidente de la dominación británica. El mismo edificio municipal del alcalde católico Maung Maung Soe es en estilo colonial de color lila y morado, con decoraciones que representan pavos reales, nagas (divinidad en forma de serpientes) y torres de tres niveles.

Entre las amplias avenidas arboladas y los bellísimos parques comienzan a despuntar el cemento, el acero y el cristal de futuristas rascacielos. Pasado y presente coexisten, lo muestran los ruidosos coches, con el conductor a la derecha, que tocando el claxon piden pasar a los viejos rickshaw de estilo chino. Un mosaico de etnias, lenguas y religiones anima lo que es el mayor centro económico y cultural de Myanmar. Pero mientras tanto están aumentando las chabolas, inequívocos signos de una creciente pobreza urbana. Espejo de un país en el que, según estimaciones recientes, el 30% de los 53 millones de habitantes vive en condiciones de indigencia absoluta.

En Myanmar el Papa encuentra todos los temas queridos por su magisterio: del respeto del derecho al diálogo entre las religiones para promover la paz; de la defensa de los pobres a la tutela del ambiente. Temas que han estado en el centro también del encuentro que tuvo lugar por la tarde en el arzobispado con la más alta autoridad militar del país, el general Min Aung Hlaing. La del comandante jefe de las fuerzas armadas fue una visita de cortesía: empezó a las 17.55, y se alargó durante unos quince minutos. Durante la conversación se habló, entre otras cosas, de la situación del país en este momento de transición. El encuentro concluyó con el intercambio de regalos: el Papa ofreció una medalla del viaje, el general un arpa en forma de barca y un cuenco de arroz decorado.

De nuestro enviado Gianluca Biccini

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16 de Septiembre de 2019

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