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Diálogo en tres estrofas

· Un himno para Pablo VI ·

Un himno para el día de la beatificación del Papa Pablo VI, y para cada vez que se querrá poner de nuevo en el centro este don que el Señor dio a su Iglesia, es ante todo un canto al Señor mismo, un himno a Cristo. Por ello el corazón de las tres estrofas se concentra en el estribillo, junto a la aclamación (Christus, lumen gentium, Christus in Ecclesia) e implora (Mittat nos ad gentes). La Iglesia reconoce las grandes cosas que el Omnipotente hizo en el humilde siervo suyo y pide ser ahora y siempre enviada a continuar su obra en el mundo.

El himno, por lo tanto, gira en torno a este momento de unánime Magníficat, que compendia lo que hoy deseamos decir sobre el Papa del concilio y de la renovación. Asumir esta dinámica significa situar la admiración y el honor a él en una perspectiva totalmente cristológica.

Identificado de este modo el núcleo central del himno, se ve claro el sentido de las estrofas, que es el de un recuerdo afectuoso de la gran figura del Papa Montini. Se recuerda la vocación personal y su horizonte de vida, su fiel y generosa acción de pastor, su aún presente irradiación sobre la Iglesia de hoy. Su lema pontificio (In nomine Domini) está entretejido en la trama de su existencia, mientras que algunas expresiones remiten a momentos cruciales, a intervenciones decisivas: el Concilio Vaticano II (Lumen gentium, Ad gentes), las encíclicas y exhortaciones apostólicas (Ecclesiam suam, Evangelii nuntiandi), el discurso a la ONU.

El himno, de este modo, quiere ofrecer una breve pero intensa mirada, movida por la fe y la esperanza, sobre la existencia luminosa de un gran creyente, que acogió una llamada, la vivió con plenitud y abre todavía sus brazos hacia nosotros que lo llamamos beato, que damos gracias a su y nuestro Señor y que de él mantenemos viva la memoria renovando nuestra fidelidad al camino que él abrió. El canto de un himno no debe durar mucho: por ello se miden las palabras y se las confía al ímpetu fuerte y sereno de la música, que las pone en nuestros labios para que bajen al corazón.

de Eugenio Costa y Massimo Palombella

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17 de Julio de 2019

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