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Derechos sagrados

· ​Durante el encuentro con los movimientos populares en Bolivia el Papa vuelve a reclamar tierra, techo y trabajo para todos y denuncia el nuevo colonialismo que impone la austeridad a los trabajadores y los pobres ·

Tierra, techo y trabajo son «derechos sagrados» que se deben garantizar a todos. Una vez más, la voz fuerte y apasionada del Papa Francisco se unió al «clamor de los excluidos» que en América Latina y en toda la tierra «luchan por vivir con dignidad» frente a un sistema injusto e insostenible.

Desde Santa Cruz —donde el jueves 9 de julio se reunió con los representantes de los movimientos populares, tras haber celebrado la misa de apertura del quinto congreso eucarístico nacional de Bolivia y después de saludar a los sacerdotes, religiosas y religiosos del país— el Pontífice volvió a indicar la necesidad de «un cambio de estructuras» para superar un modelo económico y social «que excluye, degrada y mata».

Hace falta —explicó— «un cambio positivo, un cambio que nos haga bien, un cambio que podríamos decir redentor». El objetivo es encontrar «una alternativa humana a la globalización excluyente», elaborando un «programa social» basado en la fraternidad y la justicia. Una tarea que no corresponde directamente a la Iglesia, que no posee «una receta» para resolver los problemas contemporáneos; sin embargo, precisó el Papa, esta no puede ni debe «estar ajena a este proceso en el anuncio del Evangelio». En realidad los verdaderos protagonistas del cambio son precisamente «los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos».

«Ustedes —exclamó el Papa Francisco— pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos». De aquí las tres tareas que el Pontífice confió a los movimientos populares, invitándoles a ser «sembradores de cambio» y describiéndolos como verdaderos «poetas sociales». El Papa los invitó sobre todo a trabajar para «poner la economía al servicio de los pueblos» y no del dinero dinero que «mata» y «destruye la madre tierra». Luego los exhortó a unirse «en el camino de la paz y la justicia», oponiéndose a las «nuevas formas de colonialismo» que hoy, en nombre del «poder anónimo del ídolo dinero», imponen la austeridad a los trabajadores y los pobres. Por último, tras pedir perdón por los «muchos y graves pecados» contra los pueblos originarios de América «en nombre de Dios», llamó a movilizarse con urgencia para defender «la casa común saqueada, devastada, vejada impunemente».

Discurso a los consagrados  

Homilía de la misa en Santa Cruz  

A los movimientos populares 

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21 de Noviembre de 2018

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