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Del desencuentro al encuentro

· A su llegada a Sarajevo el Papa alienta el diálogo y la colaboración para curar las heridas del pasado ·

Desde la «Jerusalén de Occidente», antigua cuna de la convivencia entre culturas, etnias y religiones, el Papa Francisco lanzó una nueva admonición contra la guerra e invitó a perseverar en el «diálogo paciente y confiado» para cerrar las heridas del pasado. Apenas llegó a Sarajevo —ciudad que aún muestra las cicatrices de la devastación causada por el sangriento conflicto de hace veinte años— el Pontífice exhortó a toda la comunidad de Bosnia y Herzegovina a «mirar hacia el futuro con esperanza» dejando de lado viejos rencores y apostando con decisión por la «cultura del encuentro» como único antídoto contra la «barbarie de los que toman ocasión y pretexto de cualquier diferencia para una violencia cada vez más brutal».

Ante los miembros de la presidencia y las más altas autoridades políticas, diplomáticas, civiles y religiosas del país —que lo recibieron en el palacio presidencial el sábado 6 de junio por la mañana, inmediatamente después de su llegada al aeropuerto— el Papa Francisco se presentó como «peregrino de la paz y el diálogo». Al reconocer los progresos realizados desde los acuerdos firmados en Dayton en 1995, pidió explícitamente a la comunidad internacional, y en especial a Europa, favorecer el camino emprendido por Bosnia y Herzegovina para hacer «cada vez más sólido e irreversible» el proceso de paz ya en marcha. También porque, señaló, «las relaciones cordiales y fraternas» entre croatas, serbios y bosnios asumen hoy «una importancia que va más allá de sus fronteras» nacionales: testimonian, de hecho, «ante el mundo —subrayó— que la colaboración entre los diversos grupos étnicos y religiones para el bien común es posible, que se puede dar una pluralidad de culturas y tradiciones que contribuyan a encontrar soluciones originales y eficaces a los problemas, que incluso las heridas más profundas pueden ser curadas a través de un proceso que purifique la memoria y dé esperanza para el futuro».

Un horizonte de confianza que el Papa volvió a proponer durante la misa celebrada en el estadio Koševo en presencia de decenas de miles de personas. Después de denunciar los horrores de la guerra y lanzar una severa admonición contra los traficantes de armas, el Pontífice recordó que «hacer la paz es un trabajo artesanal». Este «requiere pasión, paciencia, experiencia, tesón», y se alimenta «con actitudes y gestos de servicio, de fraternidad, de diálogo, de misericordia». Un trabajo «que se realiza cada día, paso a paso, sin cansarse jamás», destacó puntualizando que «la paz es obra de la justicia: no «una justicia declamada, teorizada, planificada», sino «practicada, vivida» en lo cotidiano.

Discurso a las autoridades políticas 

Homilía de la misa en el estadio Koševo 

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20 de Septiembre de 2019

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