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Defensores del espíritu
no de la letra

· El Papa Francisco clausura el Sínodo sobre la familia recordando que el primer deber de la Iglesia no es distribuir condenas o anatemas sino «proclamar la misericordia de Dios ·

Una Iglesia de horizontes abiertos, que no utiliza «módulos impresos» sino que toma «de la fuente inagotable de su fe agua viva para refrescar los corazones resecos»: ésta es, según el Papa Francisco, la «imagen viva» de la Iglesia que surge de las tres semanas de trabajo del sínodo sobre la familia, que concluyó el 25 de octubre con la misa en San Pedro.

En su discurso del sábado por la tarde, durante la última congregación general, y al día siguiente en su homilía, el Papa recorrió las principales etapas del Sínodo, cuya relación final le fue entregada después de haber sido votada y aprobada casi por unanimidad por los padres.

La clausura del sínodo, reconoció el Pontífice, «no significa haber concluido todos los temas inherentes a la familia» y «seguramente no significa que se hayan encontrado soluciones exhaustivas a todas las dificultades y dudas». Sin embargo, la actitud de escucha y de abierto debate por parte de la asamblea ha «dado prueba de la vivacidad de la Iglesia católica, que no tiene miedo de sacudir las conciencias anestesiadas o de ensuciarse las manos». Y ha mostrado su voluntad de «iluminar con la llama de la fe los corazones de los hombres, en un momento histórico de desaliento y de crisis social, económica, moral y de predominio de la negatividad», dando testimonio de que «el Evangelio sigue siendo para la Iglesia una fuente viva de eterna novedad, contra quien quiere “adoctrinarlo” en piedras muertas para lanzarlas contra los demás».

Francisco reiteró que «la Iglesia es Iglesia de los pobres de espíritu y de los pecadores en busca de perdón, y no sólo de los justos y de los santos». Y una vez más hizo una llamamiento a «superar toda hermenéutica conspiradora o un cierre de perspectivas para defender y difundir la libertad de los hijos de Dios, para transmitir la belleza de la novedad cristiana, a veces cubierta por la herrumbre de un lenguaje arcaico o simplemente incomprensible». En resumen, explicó, «la experiencia del Sínodo también nos ha hecho comprender mejor que los verdaderos defensores de la doctrina no son los que defienden la letra sino el espíritu; no las ideas, sino el hombre; no las fórmulas sino la gratuidad del amor de Dios y de su perdón».

Por lo tanto, el primer deber de la Iglesia no es «distribuir condenas o anatemas», sino «proclamar la misericordia de Dios», y «conducir a todos los hombres a la salvación del Señor». Hoy, «es tiempo de misericordia» reiteró en la homilía de la misa de clausura, instando a los obispos y a toda la comunidad cristiana a seguir por el camino emprendido «sin dejarnos ofuscar nunca por el pesimismo y por el pecado».

Relación final

Discurso de clausura del Papa

Homilía en la misa de clausura del Sínodo

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Plaza De San Pedro

22 de Marzo de 2019

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