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De pecadores a pescadores

La única celebración litúrgica del Papa Francisco en Bolivia fue la misa del jueves 9 de julio, por la mañana, en la plaza de Cristo Redentor, en Santa Cruz, con ocasión de la pertura del quinto congreso eucarístico nacional.

En el gran espacio dominado por la columna donde apoya una imponente estatua de Jesús con sus brazos elevados hacia el cielo, el Papa Francisco llegó en el papamóvil, que avanzaba con dificultad entre la multitud. Más de dos millones de personas siguieron el acontecimiento a través de las 40 pantallas gigantes situadas a lo largo de las amplias avenidas Monseñor Rivero y C. De Mendoza, que confluyen en el lugar donde estaba preparado el altar. Francisco de los pobres era el eslogan más recurrente. Entre los presentes el Papa reconoció a dos antiguas amistades: primero una religiosa, que saludó con afecto; luego uno de los sacerdotes que concelebraban.

Durante la misa votiva de la Santísima Eucaristía, con la presencia del presidente Morales y algunos delegados ecuménicos, eran muchos los elementos litúrgicos que recordaban las culturas locales. Comenzando por el palco papal, bellísimo en su sencillez, realizado al estilo de las misiones jesuitas de la Chiquitania, una zona a trecientos kilómetros de distancia del lugar, donde viven siete pueblos que llevan el nombre de santos católicos.

El Pontífice utilizó un báculo encorvado de madera de soto, un árbol local, en el que estaba tallado un ángel, la Virgen que deshace los nudos, de quien es devoto, y Cristo buen pastor. Se trata de un regalo de la arquidiócesis de Santa Cruz de la Sierra.

El tema de la vocación volvió durante la tarde cuando en el Colegio Don Bosco el Papa se reunió con los sacerdotes, religiosos y seminaristas de la región de Santa Cruz. En el gimnasio de la escuela dirigida por los salesianos, en un clima especialmente alegre, el Papa Francisco escuchó los testimonios de un sacerdote, una religiosa y un joven seminarista, a los que respondió añadiendo muchas consideraciones personales al texto del discurso ya preparado. Sobre todo, alertó sobre el «zapping», de «pasar al lado de los problemas y que éstos no nos toquen». Fue una auténtica fiesta, animada por cantos y coreografías, donde las religiosas más jóvenes hacían la «ola», mientras otras alzaban una pancarta donde se leía: «Los problemas son temporales, Dios es eterno».

de nuestro enviado Gianluca Biccini

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22 de Septiembre de 2019

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