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De parte de los débiles

· El Papa en Pietrelcina y en San Giovanni Rotondo lanza una amonestación contra la cultura del descarte que penaliza a los pobres, a los pequeños y a los ancianos ·

Quien toma cuidado de los pequeños «está de la parte de Dios» y proclama «una profecía de vida contra los profetas de muerte de cada tiempo, también de hoy que descartan a la gente, descartan a los niños, los ancianos, porque no sirven». La nueva amonestación del Papa contra «la cultura del descarte», que «prefiere a los poderosos y considera inútiles a los pobres» resonó en San Giovanni Rotondo desde el sagrado de la iglesia de San Pío en Pietrelcina, sobre la que se asoma ese «templo de oración y de ciencia» que es la Casa de reposo del sufrimiento, querida hace sesenta años por los frailes estigmatizados precisamente para dar conforto a los débiles y a lso necesitados. «Un santuario especial donde está presente Dios -lo definió Francisco durante la misa celebrada el sábado por la mañana, 17 de marzo- porque se encuentran tantos pequeños de él predilectos».

El viaje del pontífice sobre los lugares del Padre Pío se inició en Pietrelcina, el pequeño centro del Beneventano en el que Francesco Forgione — como se llamaba el santo antes de vestir el sayo — nació y maduró su vocación religiosa. Después de haber reposado en la capilla que custodia el olmo bajo el que el joven capuchino recibió por primera vez los estigmas, el Papa dirigió un discurso a la población, reproponiendo la actualidad del testimonio del «humilde fraile capuchino» que «asombró al mundo». A los fieles dirigió, en particular, la invitación a vivir en comunión — porque «un pueblo que pelea todos los días no crece, es un pueblo enfermo y triste», explicó — y a no marginar a los ancianos «que son patrimonio de nuestras comunidades».

Dejada Pietrelcina el pontífice se trasladó a San Giovanni Rotondo, deteniéndose en la Casa de reposo del sufrimiento, donde encontró a los pequeños pacientes del pabellón de oncohematología pediátrica. Después alcanzó el santuario de Santa María de las Gracias para venerar el cuerpo del santo. Finalmente presidió la celebración eucarística frente a la nueva iglesia, pronunciando una homilía centrada al completo en la triple «herencia» -la oración, la pequeñez y la sabiduría de vida cerrada en «tres signos visibles» dejados por el Padre Pío: «los grupos de oración, los enfermos de la Casa de reposo,el confesional».

En particular, Francisco recordó que en la vida de un cristiano la oración no es «un opcional» ni un «alivio del estrés», sino que «es un gesto de amor, es estar con Dios y llevarle la vida del mundo: es una obra indispensable de misericordia espiritual». Y subrayó que «la verdadera experiencia no reside en el tener grandes dotes y la verdadera fuerza no está en la potencia», porque «el único arma sabia e invencible es la caridad animada por la fe».

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21 de Octubre de 2019

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