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De los Andes al océano

· ​Segunda jornada del Pontífice en Ecuador ·

De Quito a Guayaquil y regreso. De los altiplanos andinos a la costa sobre el Océano Pacífico, pasando de los casi tres mil metros de altitud de la capital a la ciudad más populosa del país ubicada a orillas del mar, con una fuerte excursión térmica, para acabar incluso con la lluvia. La segunda, larguísima jornada del viaje a Ecuador del Papa Francisco, el lunes 6 de julio, fue intensa desde todos los puntos de vista. Y la gente del lugar no dejó faltar su apoyo al Pontífice con imponentes manifestaciones de afecto: en cada traslado ríos de personas se volcaron a lo largo de las calles para testimoniar su amor y agradecimiento. Millones de ecuatorianos reunidos en los cruces para ver pasar el papamóvil o bien en los lugares donde estaba prevista la presencia de Panchito, como comenzaron a llamarlo afectuosamente, acogiéndolo como un amigo, como uno de ellos.

El Papa Francisco llegó por la mañana a la ciudad de la costa, Guayaquil. De aquí parte el turismo en grupo hacia las islas Galápagos; pero no por esto la ciudad, que tiene también un papel importante en la historia de la independencia de América Latina, está exenta de los males característicos del continente. Lo testimonian numerosos «slums» en los que familias humildes viven en pequeñas chabolas de madera y bambú con techos de chapa. Por ello Juan Pablo II, cuando estuvo en el lugar durante el viaje de 1985, visitó el «guasmo», barrio de la periferia, cuyos tugurios recuerdan las villas miserias argentinas.

A bordo del papamóvil llegó a la inmensa explanada donde celebró la misa por la familia con la presencia de al menos un millón de fieles, muchos de los cuales habían acampado desde la noche anterior. Para la ocasión el Pontífice usó un báculo de madera: se trata de una copia del báculo, realizado por un grupo de detenidos de Sanremo, que el Papa Francisco utilizó durante el viaje a Tierra Santa, en mayo de 2014. El báculo original, muy apreciado por el Pontífice, se dañó precisamente en esa ocasión. Por ello se hizo una copia exacta del mismo —la utilizada en Guayaquil— con madera de olivo de Belén.

Los ritmos de la música tradicional, las danzas, los brazos extendidos que agitaban banderas coloridas: todo el contexto que acompañó la celebración de la misa era expresión de la alegría sencilla de este pueblo que sigue adelante a pesar de todo.

Distendido el clima durante el almuerzo con la comunidad de los jesuitas del colegio Javier de Guayaquil. Entre ellos el anciano Francisco Cortés, conocido como «padre Paquito». Apoyado en el bastón, este sacerdote español de casi noventa y un años —cincuenta vividos como misionero en Ecuador— ahora se dedica sobre todo a las confesiones. El Papa se reunió con él en privado y luego lo quiso a su lado en la mesa como recuerdo de su vieja amistad. Cuando aún no era arzobispo de Buenos Aires, en efecto, el padre Bergoglio había elegido el colegio Javier para enviar allí a sus alumnos a hacer la experiencia formativa, siempre bien recibidos por el vicerrector, el padre Paquito. 

de nuestro enviado Gianluca Biccini

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14 de Noviembre de 2019

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