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De domésticas a editoras

· El centenario de las paulinas ·

Este año se celebra el centenario de la fundación de la Pía Sociedad de las Hijas de San Pablo, más conocidas como paulinas. La institución fue fundada por don Santiago Alberione, que ya había creado una escuela tipográfica masculina que luego se transformó en la Pía Sociedad de San Pablo, con el carisma del apostolado de la prensa. Para don Alberione, los medios técnicos del progreso inventados por el hombre moderno podían transformarse en el instrumento de su salvación: "La máquina se convierte en púlpito, el taller de la linotipia, de las máquinas y de la propaganda se convierte en iglesia". Mientras tanto, el anuncio de los paulinos se une cada vez más a los instrumentos de impresión. "No podréis saber a qué alma habéis llevado un poco de luz. Nuestro apostolado es así. Un sacerdote que predica y después va al confesionario, siente el fruto de su predicación. Nosotros no tenemos esta satisfacción. Sentiremos satisfacción el día del juicio, cuando veamos la ayuda que nuestras publicaciones dieron a las almas"

Anna Maria Parenzan con algunas religiosas filipinas

Si para la congregación masculina el carisma fue inmediatamente claro, no sucedió lo mismo para la congregación femenina. Las Hijas de San Pablo nacieron de un reducido grupo de muchachas guiadas por Angela Boffi, quienes desde 1915 realizaban tareas femeninas, o sea, se ocupaban de la limpieza, la lavandería y la cocina en la casa de la Pía Sociedad de San Pablo. Al principio, el apostolado de la prensa era exclusivamente masculino. Lástima que la congregación borró el recuerdo de Angela Maria Boffi, su primera directora, que comenzó con gran éxito el trabajo de escritura y de impresión en Susa, antes de marcharse a las Terciarias Franciscanas de Susa a causa de conflictos con don Alberione, que no apreciaba la iniciativa autónoma femenina. Las Hijas de San Pablo reconocen hoy a Teresa Merlo, la maestra Tecla, como ejemplo femenino del carisma paulino: fue superiora general y estrecha colaboradora –obedientísima– de don Alberione.

Las paulinas comenzaron a ocuparse de la prensa en 1918, cuando monseñor Giuseppe Castelli, obispo de Susa, las invitó a trasladarse a su ciudad para dedicarse a la publicación del semanario diocesano La Valsusay de algunos opúsculos religiosos. Pero algunas de ellas permanecieron en Alba para realizar los servicios domésticos en la casa de los religiosos, y esta tarea se mantuvo a lo largo de la historia del instituto. Primero se dedicaron totalmente a las así llamadas tareas femeninas, y después se dividieron en maestras impresoras y پgobrerasپh dedicadas a los servicios domésticos. Esta división, a pesar de las indicaciones contrarias de la sagrada Congregación para los religiosos, se mantuvo efectivamente y, más allá de la negación oficial necesaria para la aprobación pontificia, cuando las religiosas obtuvieron dicha aprobación, en 1943, todavía estaban divididas en apostolado de la prensa y quehaceres domésticos en la casa del instituto masculino.

Esta división interna desembocó en la separación de las Pías Discípulas de las Hijas de San Pablo, que tuvo lugar en 1947 con la creación de un nuevo instituto: las Pías Discípulas del Divino Maestro. Las Pías Discípulas, mencionadas por primera vez por don Alberione en un documento de 1926, se dedicaban a پgla adoración perpetua (día y noche) del Divino Maestro en el santo Tabernáculo para la prensaپh. Y estaban encargadas de la limpieza de la rama masculina.

La sagrada Congregación para los religiosos, que en 1928 había aprobado la fundación de las Hijas de San Pablo como instituto unido con el mismo nombre y con la misma superiora general, también había aprobado el carisma específico de las Hijas de San Pablo: "La divulgación gratuita y popular de la doctrina cristiana mediante la escuela y el catecismo y, además, de modo especial, mediante la prensa."

En realidad, las paulinas no administraron nunca escuelas, sino que realizaron plenamente el apostolado de la prensa, convirtiéndose en divulgadoras activísimas. Ante todo en Italia, gracias a una propaganda meticulosa y difundida a domicilio – en la imaginación popular aún está vivo el recuerdo de las religiosas que llamaban a la puerta llevando sobre los hombros bolsas llenas de libros –, pero también gracias a la fundación y administración de las librerías paulinas, abiertas en pocos años en las principales ciudades italianas, sobre todo para divulgar los libros editados por la Pía Sociedad de San Pablo. A la creatividad de las Hijas de San Pablo se debe el semanario católico más vendido en el mundo, Familia Cristiana, aunque su propiedad pasó a la Pía Sociedad de San Pablo apenas sus posibilidades de éxito fueron evidentes.

La actividad febril de las religiosas alcanzó muy pronto una dimensión internacional: se fundaron sedes en Argentina y Brasil (1931), Estados Unidos y Francia (1932), y Filipinas (1938), siempre bajo la égida de la Pía Sociedad de San Pablo. También en esta circunstancia la emancipación del apostolado femenino del apostolado masculino se realiza en una fase sucesiva, después de la segunda guerra mundial: México, Chile, Colombia y Japón (1948), Portugal (1950) e India (1951), hasta llegar a cincuenta y cuatro naciones. En Italia surgen innumerables iniciativas: el centro Ut Unum Sint, para promover la unidad de los cristianos a través de cursos teológicos por correspondencia; la publicación de revistas como Via,Volontày Vita, y también de Il Giornalino;fundación del Centro catequístico paulino; en 1953 se realizan las primeras proyecciones de Cine fórum, y en 1955 ve la luz el semanario femenino Così. Algunas iniciativas nacieron antes en otros países, por ejemplo, el apostolado radiofónico comenzó en 1962 en Brasil, mientras que la producción cinematográfica dio los primeros pasos en Japón, Estados Unidos y Brasil.

Por Camilla Dacrema

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17 de Febrero de 2020

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