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Cuando el Estado orienta las elecciones reproductivas

· Conversación con Teresa Lee, que enseña el método Billings en Corea del Sur ·

“Hace unos diez años venían a verme mujeres casadas, la mayor parte de las cuales rozaban los 30 años y querían saber cómo evitar quedar embarazadas usando métodos naturales”. Habla Teresa Lee, de 52 años, licenciada por la Universidad católica de Seúl con la tesis “Cómo influye un conocimiento profundo de la fertilidad en la conciencia bioética”.

Una calle de Seúl

 Teresa trabaja desde hace dieciséis años en el Happy Family Movement, y su actividad consiste en instruir y aconsejar a las mujeres, o a las parejas, sobre los métodos naturales de regulación de la fertilidad, en particular, el método Billings y la NaPro Technology (técnica natural de monitorización y mantenimiento de la salud reproductiva y ginecológica de la mujer). “Hoy, en cambio, me consultan mujeres que me piden todo lo contrario: cómo quedar embarazadas usando métodos naturales. En diez años la situación ha dado un vuelco”. Estamos sentadas en un bar, a un paso de la catedral de Myeong-dong, y nuestra intérprete es Inés, que trabaja para la archidiócesis de Seúl, en la Comisión para la vida.

Comencemos desde el principio…

Hace unos diez años, entre las mujeres que acudían al consultorio, había muchas que habían quedado embarazadas contra su voluntad, y muchas otras que habían abortado. Esto sucedía porque los anticonceptivos tradicionales no siempre funcionaban. Yo las instruía en el método Billings, cuyo éxito es superior en el noventa por ciento. Mucho depende de la actitud que la mujer adopta respecto a este método. El enfoque psicológico es importantísimo. La mujer que quiera experimentar el método Billings, debe saber que este requiere compromiso y mucha dedicación. El problema es que muchas mujeres aún desconfían de este método natural y me consultan con actitud prevenida.

Una gran contradicción, si se piensa en el éxito comercial de los diversos tipos de productos biológicos. En este caso, todo lo que es biológico es saludable.

Trabajo en este campo desde hace muchos años, y puedo decirle que el método Billings es mucho más científico que los métodos anticonceptivos tradicionales. Pero las mujeres no están bien informadas. En los diarios o en la televisión no se habla de él. La misma Iglesia, aquí en Corea, es escéptica, y falta un apoyo financiero real. No me gusta decirlo, pero en cierto modo también la Iglesia parece haberse adecuado al espíritu de nuestro tiempo.

¿La razón está en la escasa publicidad del método?

Muchas mujeres consideran que la aplicación de este método es muy exigente. De seis meses a un año es el tiempo necesario para regular el uso del método natural. En cambio, para el preservativo no sirve ningún tipo de preparación. Pero hoy las mujeres nos buscan porque tienen el problema contrario: no logran tener hijos. Por una parte, la edad del matrimonio se ha elevado notablemente. Las mujeres que recurren a mí son mayores de cuarenta años, y no han tenido ningún hijo pese a que están casadas desde hace mucho tiempo. La paradoja es que muchas de estas mujeres usaron la píldora en el pasado, y ahora que quieren tener un hijo, descubren que no pueden lograrlo. Pero también hay problemas de tipo psicológico. Además de enseñarles el método natural para aumentar la posibilidad de que queden embarazadas, tratamos de restablecer la armonía en la pareja.

En Corea del Sur la política gubernativa incentivó durante muchos años el uso de los anticonceptivos e incluso la esterilización.

Hasta 1996 hubo una política que fomentaba que las mujeres se sometieran a la esterilización, operación totalmente gratuita. Las alentaban, además, a tener un solo hijo. Ahora, de repente, el Gobierno descubre que la población sudcoreana está envejeciendo muy rápidamente, y da la alarma. Pero no existe ninguna valoración de orden moral en todo esto, sino que se trata de un mero cálculo económico: si hoy hay menos niños, significa que dentro de una o dos generaciones habrá un escaso número de contribuyentes que sostengan el sistema jubilatorio, ya desfasado por una población cada vez más vieja. En una palabra, es la economía la que dicta los valores de la ética común.

¿Qué incentivos propuso el Gobierno en el pasado para tener bajo control los nacimientos?

Antes podías ir a un centro de salud y obtener píldoras y preservativos gratis. Hoy, en cambio, el Gobierno fomenta la difusión de la inseminación artificial; se trata de dar un giro de ciento ochenta grados.

Al llegar a este punto, interviene Inés, que trabaja en la Comisión

para la vida. El organismo fue fundado en 2005 y organiza seminarios de cuatro semanas cuyas enseñanzas se basan en los valores fundamentales de la doctrina católica. Inés, como muchos otros jóvenes coreanos que pueden permitírselo, estudió dos años en Australia. En Corea es esencial tener un buen conocimiento del inglés para obtener una puntuación elevada en las pruebas de lengua, cuyos certificados hay que presentar en las diferentes entrevistas de trabajo.

Te cuento brevemente mi historia y la de mi esposo. Nos conocimos cuando éramos muy jóvenes, en la escuela secundaria, pero solo nos convertimos en una pareja estable en la universidad. Nos casamos en 2005. Teníamos 30 años. En suma, no éramos muy jóvenes, pero tampoco viejos. Durante los tres años siguientes al matrimonio tratamos de tener un hijo, pero no lo conseguimos. Entonces nos preguntamos si tendríamos algún problema físico. Hicimos varios exámenes médicos, que excluyeron cualquier forma de anomalía.

¿Fue entonces cuando decidisteis recurrir a la inseminación artificial?

Sí. Y esto se prolongó durante cinco años. En ese período llevamos a cabo once intentos, pero jamás tuvieron éxito. En general, el Gobierno financia gran parte de los primeros cuatro. Recibimos un millón de won (unos setecientos euros) para cada intervención, pero actualmente el Gobierno está determinado a contribuir con mucho más. Son intervenciones sumamente costosas, pero muchas parejas se sienten tan desesperadas que están dispuestas a todo. Es paradójico que hoy el Gobierno gaste tanto dinero para obtener exactamente el mismo resultado (mayor número de niños) que hasta hace pocos años impedía lograr con otros tantos medios económicos. Y no se comprende por qué el Estado promueve y financia una técnica que tiene un porcentaje de viabilidad tan reducido.

¿Ahora está pensando en utilizar el método natural de fertilidad?

Hace muy poco que conozco esta posibilidad. Acabo de conocer a Teresa y ahora estoy informándome más detalladamente sobre este método natural. Ciertamente, es un camino que quiero emprender.

Muchas mujeres –concluye Teresa– que han recurrido, sin éxito, a la inseminación artificial, hoy se dirigen a mí. Soy su última esperanza. Por suerte, también la Iglesia está mostrando en la actualidad interés por la NaPro Technology, que podría representar verdaderamente una seria alternativa a la inseminación artificial.

Coreana, Teresa Lee, casada y madre de dos hijos, tiene 52 años. Licenciada por la Universidad católica de Seúl, desde hace doce años trabaja en el Happy Family Movement, en el que enseña el método Billings, que precisamente aprendió de los esposos australianos en 1998, durante un seminario de cinco días dictado en la ciudad de Daegu.

Cristian Martini Grimaldi

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17 de Febrero de 2020

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