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​Cristianos a tres dimensiones

El cristiano, «hombre de esperanza», sabe y testimonia que «Jesús está vivo» y «está entre nosotros», que Jesús pide al Padre «por cada uno de nosotros» y que «regresará». En la misa celebrada en Santa Marta el viernes 22 de abril, el Papa Francisco ha sintetizado de este modo la relación entre cada creyente y Jesús resucitado. Tomando pie de la liturgia del día, el Pontífice ha entresacado tres palabras fundamentales para la vida cristiana: el «anuncio», la «intercesión» y la «esperanza». Sobre todo el anuncio. Como se lee también en la lectura que nos presenta un pasaje de los Hechos de los apóstoles (13, 26-33), el anuncio es sustancialmente «el testimonio que dan los apóstoles de la resurrección de Jesús». Así Pablo en la sinagoga afirma: «Y cuando hubieron cumplido todo lo que referente a él estaba escrito le bajaron del madero y le pusieron en el sepulcro. Pero Dios le resucitó de entre los muertos. Él se apareció durante muchos días a los que habían subido con él de Galilea y Jerusalén y que ahora son testigos suyos ante el pueblo». Por lo tanto, ha sintetizado el Pontífice, el «anuncio es: Jesús ha muerto y ha resucitado por nosotros, para nuestra salvación. Jesús está vivo». Es lo que los primeros discípulos han transmitido «a los judíos y a los paganos de su tiempo» y han «testimoniado también con su propia vida, con su sangre».

Cuando a Juan y Pedro, continuó el Papa, les fue prohibido anunciar en el nombre de Jesús y de hablar de la resurrección, «ellos con todo el coraje, con toda la sencillez decían: “nosotros no podemos callar todo lo que hemos visto y oído”». En efecto, «nosotros cristianos por la fe, tenemos al Espíritu Santo dentro de nosotros, que nos hace ver y escuchar la verdad de Jesús, que ha muerto por nuestros pecados y ha resucitado». Esto, por lo tanto, «es el anuncio de la vida cristiana: ¡Cristo está vivo! ¡Cristo ha resucitado! Cristo está entre nosotros en la comunidad, nos acompaña en el camino». Y no obstante la «fatiga» que a veces hacemos para comprender, «una de las dimensiones de la vida cristiana» es precisamente esta, el anuncio. Lo entendemos bien por el pasaje de la Escritura donde se lee que Juan afirmó: «lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos». Como si dijera: «Cristo resucitado es una realidad y yo doy testimonio de esto».

La segunda palabra clave de la propuesta del Pontífice es la «intercesión». El punto de inicio, esta vez viene del Evangelio de Juan (14, 1-6). Durante la cena del jueves santo, en efecto, los apóstoles estaban tristes, y Jesús dijo: «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios; creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones. Voy a prepararos un lugar». Francisco se detuvo en este pasaje y preguntó «¿Qué quiere decir esto? ¿Cómo prepara el lugar Jesús?». La respuesta es inmediata: «Con su oración por cada uno de nosotros». Jesús reza por nosotros y esta es la intercesión». Es importante, en efecto, saber que «Jesús trabaja en este momento con su oración por nosotros». Ha explicado el Papa: así como una vez Jesús, antes de la pasión, dijo: «Pedro he rezado por ti», así «ahora Jesús es el intercesor entre el Padre y nosotros».

Pero en este punto, uno se pregunta: «¿Y cómo reza Jesús?». La de Francisco ha sido una respuesta totalmente «personal» –«una cosa mía», ha especificado, «no es un dogma de la Iglesia»– es atrayente: «Yo creo que Jesús haga ver las llagas al Padre, porque las llagas las ha cargado consigo, después de la resurrección: muestra las llagas al Padre y nombra a cada uno de nosotros». Según el Pontífice, se puede imaginar así la oración de Jesús: Y el cristiano se anima sabiendo esto: «en este momento Jesús intercede por nosotros».

Y finalmente, la tercera dimensión: la de la esperanza. Es también el Evangelio del día el que ofrece la meditación. Jesús dice: «Voy a prepararos un lugar» y añade: «Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo para que donde esté yo estéis también vosotros». He aquí la esperanza del cristiano. Jesús dice: «¡Vendré!». Ha explicado el Papa: «El cristiano es una mujer, es un hombre de esperanza» precisamente porque «espera que el Señor regrese». A este respecto, ha añadido el Pontífice, «es hermoso» notar «cómo comienza y acaba la Biblia». Al inicio se lee: «En el principio...», es decir «cuando comenzaron las cosas». Y el Apocalipsis acaba «con la oración: “Ven Señor Jesús”». Toda la Iglesia, en efecto, «espera la venida de Jesús: Jesús regresará». Esta, ha dicho el Pontífice, «es la esperanza cristiana».

Por ello, concluyó el Papa sintetizando su meditación, cada uno puede preguntarse: «¿Cómo es el anuncio en mi vida? ¿Cómo es mi relación con Jesús que intercede por mí? Y ¿cómo es mi esperanza? ¿Creo en verdad que Jesús resucitó? ¿Creo que reza el Padre por mí?»; y por último: «¿creo en el anuncio? ¿Creo en la intercesión? ¿Soy un hombre o una mujer de esperanza?».

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