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Contra la cultura del rechazo

· El cardenal Parolin en la plenaria de la Comisión internacional católica para las migraciones ·

El «rechazo a la acogida» es una de las emergencias más evidentes a nivel global. Sucede, de hecho, que «a pesar de que las naciones, especialmente aquellas más avanzadas desde el punto de vista económico, deban innegablemente mucho de su desarrollo a los migrantes», el fenómeno migratorio se ve hoy solo «como emergencia o peligro». Lo subrayó con preocupación el cardenal Pietro Parolin abriendo en Roma, la mañana del martes 6 de marzo la asamblea plenaria de la Comisión internacional católica para las migraciones. (Icmc).

El Secretario de Estado identificó precisamente en el trabajo para fomentar «un cambio de actitud hacia los migrantes y los refugiados», una de las prioridades de la comisión. Se trata, explicó, de ayudar a todos a pasar de «una actitud de defensa y de miedo, de desinterés o de marginación», a otra «que tenga en la base la cultura del encuentro». Es necesaria en este sentido una inquebrantable obra «de información y de sensibilización» que lleve a las personas a abandonar «la cultura dominante del descarte y del rechazo» y difunda «una percepción equilibrada y positiva de la migración».

Al trazar el compromiso futuro de la Icmc, el cardenal no dejó de recordar sus raíces. Recordó los orígenes de la comisión cuando, «después de los trastornos causados por la Segunda Guerra Mundial» y ante el desplazamiento masivo de refugiados, Pío XII quiso «promover la aplicación de los principios cristianos en términos de migración y políticas sobre las poblaciones» y «hacer adoptar estos principios a las organizaciones internacionales, tanto gubernamentales como no gubernamentales, especialmente a favor de la protección de los derechos de la familia ».

Trazando un plano de trabajo para el futuro el cardenal Parolin indicó la prioridad de «abrirse a nuevos horizontes al servicio de los migrantes y los refugiados». Y añadió como finalidad «el apoyo a las familias migrantes» y la contribución «discreta y competente», al «crear vías alternativas y seguras de migración, especialmente donde estas están forzadas por eventos violentos o desastres». Se trata, subrayó el purpurado, de «una de las mejores prácticas para salvar vidas, evitando los viajes peligrosos y el recurso a lso traficantes; para tener unidas a las familias; para proteger a los menores en necesidad; para crear entre los países lazos de confianza recíproca en este ámbito, evitando alarmas sociales que también tienen repercusiones políticas».

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19 de Septiembre de 2018

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