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Con traje de fiesta

Algunos partieron de Santiago de Cuba cuando aún era de noche. Y afrontaron a pie los últimos kilómetros que desde el poblado de El Cobre suben hacia el santuario mariano rodeado por verdes colinas. Otros llegaron de diversas ciudades con todo tipo de medio de transporte, para poder participar, el martes 22 de septiembre, por la mañana, en la misa celebrada por el Papa Francisco. Fue un día importante para el santuario, porque con la presencia del Pontífice se inauguró oficialmente el año jubilar por el centenario de la proclamación de la Virgen de la Caridad como patrona de Cuba. Y un día importante también para Santiago, que festeja los cinco siglo de fundación.

Tras despedirse muy temprano del cercano seminario San Basilio, que lo acogió en esta última etapa cubana, el Papa Francisco se dirigió al santuario en papamóvil. Y a lo largo del camino recibió la acogida del afectuoso saludo de cientos de personas que formaban cordones a su paso, mientras que el sol comenzaba a hacerse sentir en especial sobre las cuatro mil personas que no habían encontrado sitio dentro de la basílica y siguieron el rito en la plaza exterior a través de pantallas gigantes y sobre la gran escalera que conduce al atrio.

La liturgia —en la que estuvo presente también en esta ocasión el presidente Raúl Castro— se celebró dentro del santuario, destacando el carácter eminentemente mariano del rito: una misa votiva para recordar el aniversario (fueron los veteranos de la independencia cubana quienes pidieron al Papa hace cien años que la Virgen del Cobre fuese proclamada patrona de la Nación) y para volver a dar vigor al culto mariano en la isla. Una copia de esa carta entregaron como regalo al Pontífice. Y fue la primera vez que un Papa celebraba la misa en la basílica. Tanto Juan Pablo II en 1998 como Benedicto XVI en 2012 lo habían hecho en la ciudad de Santiago. 

De nuestro enviado Gaetano Vallini

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16 de Septiembre de 2019

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