Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

Con mirada de madre

· En el Sínodo las intervenciones de los delegados fraternos y auditores ·

Con la mirada y la ternura de madre, así el Sínodo abrazó esta mañana muchas historias de familias, sobre todo a través de la voz de veintitrés mujeres auditoras, grandes expertas en ese ámbito, al cual, se afirmó, se puede siempre recurrir para comprender lo que se puede hacer, también y sobre todo cuando hay problemas de por medio. Así, pues, tuvo una orientación femenina la duodécima congregación general que abarcó toda la mañana del viernes 16 de octubre, presentando en el aula las historias de las familias. Los trabajos, en presencia del Papa, fueron dirigidos por el cardenal presidente delegado de turno, Raymundo Damasceno Assis.

Fueron 262 los padres que tomaron parte en esta sesión, que inició bajo el signo del ecumenismo: quienes hablaron en primer lugar fueron los doce delegados fraternos. Todos los cristianos —ha sido el hilo conductor de las intervenciones— deberían hablar con un lenguaje claro y común sobre y por la familia, porque precisamente este modo podría revelarse la senda privilegiada hacia la unidad. En esta perspectiva, un papel clave es el de los matrimonios mixtos que no constituyen nunca un problema, se recordó no sólo por la parte católica, porque son una ocasión de diálogo y conocimiento mutuo.

Al exponer su punto de vista sobre las cuestiones que se refieren más de cerca a las familias, los delegados no ocultaron ante todo el compromiso común hacia la unidad plena de todos los cristianos. Y algunos lo expresaron de modo explícito. Robert K. Welsh, representante de los Discípulos de Cristo, al respecto contó su historia personal: su esposa es católica, como católicos son también la hija y los nietos. El más grande de ellos, Trace, que tiene 14 años, es además un monaguillo muy preparado. Pero, confesó Welsh, es un gran sufrimiento no poder compartir juntos la Eucaristía. De aquí un verdadero llamamiento para llegar a la unidad plena.

Por la parte ortodoxa, luego, se volvió a proponer el fundamento de la verdad sobre el matrimonio cristiano como sacramento. La Iglesia, dijo el representante del Patriarcado ecuménico, no tiene la intención de imponer leyes como cualquier otro grupo de presión: se trata en cambio de hacer sentir a los hombres que no son huérfanos sino amados por Dios también en un contexto social nuevo y en cambio continuo. Y esta continua evolución la indicó también la parte anglicana, con el deseo de que nunca se pierda de vista la alegría que viene precisamente de ser cristianos. De otro modo se corre el riesgo de ser tediosos y, por lo tanto, totalmente irrelevantes. Se destacó también la importancia de encontrar las palabras justas para hacerse entender por las familias, sobre todo por los jóvenes que quisieran casarse pero que a menudo se ven desorientados en un mundo cada vez más secularizado.

Los metodistas pusieron el acento en el compromiso de acoger a las parejas que no tienen hijos, con una mención especial de la valentía de recurrir a la adopción. La centralidad de la Escritura, luego, estuvo en el centro de la aportación de la Alianza baptista, junto con la sugerencia de hacer entender que, como expresa uno de sus himnos, Jesús es de verdad un amigo para todos, y sobre todo para quien atraviesa una situación de dificultad. En cambio, un fuerte aliento a continuar por la senda bien iniciada del diálogo fue la propuesta de los luteranos.

Por su parte, el representante siro-ortodoxo destacó que la Eucaristía no es un premio o una recompensa ni parte de un castigo. Los coptos, en cambio, sugiriendo incluso tener siempre una actitud de ternura y comprensión, consideran que es bueno recordar la enseñanza de la Iglesia respecto a la homosexualidad y el divorcio.

Al asegurar que muchas personas, en ámbito no católico, están siguiendo con atención los trabajos del Sínodo, con el estudio y la oración, los delegados llevaron al al Papa y a los padres el saludo fraterno, entre otros, de los patriarcas ortodoxos Bartolomé, Ireneo y Daniel, de Tawadros y del arzobispo de Canterbury.

Un primer punto de unión entre las doce intervenciones de los delegados fraternos y las veintisiete de auditores y auditoras fue seguramente la cuestión de los refugiados a causa de las graves violencias en Oriente Medio. Así, Thomas Schirrmacher, en nombre de la Alianza evangélica mundial, propuso también al Papa que se constituya un organismo para colaborar eficazmente en garantizar acogida y futuro a las numerosas familias cristianas obligadas a huir de las persecuciones y ahora inmersas en nuevos contextos sociales en los cuales no es fácil insertarse sin perder las propias tradiciones. Una cuestión urgente, retomada inmediatamente al inicio de la serie de intervenciones de los auditores. Se relanzaron en el aula los testimonios, bajo las bombas, de tantas familias cristianas que siguen viviendo su fe, incluso en un contexto de persecución. Una cuestión, se denunció, que viven muchas familias cristianas en Nigeria bajo la amenaza de las violencias de Boko Haram.

Pero la denuncia de todo tipo de abuso y violencia, sobre todo contra las mujeres, volvió luego en diversas ocasiones en las palabras de auditores y auditoras, quienes hicieron presente la voz de las familias que acompañan o con las que comparten experiencias comunitarias y misioneras. También la propuesta de un llamamiento claro contra el tráfico de seres humanos que tiene como primeras víctimas precisamente a las mujeres juntamente con los niños.

El icono de la posada del buen samaritano, mencionado en una de las intervenciones, relanzó la cuestión central de un verdadero acompañamiento de las familias. Por lo demás, se dijo, a los sacerdotes se les brinda un seguimiento durante toda su misión, mientras que los matrimonios hacen un curso prematrimonial, a menudo rápido, que se acaba en un par de meses. Precisamente de la experiencia en ese ámbito surgió un motivo de esperanza respecto al bien que las numerosas familias que tratan de vivir la fe cristiana, incluso en medio de dificultades, pueden aportar en la sociedad dominante.

Nuevamente a través de fragmentos de vida concreta se relanzó el papel y la dignidad de los ancianos, juntamente con la espontaneidad de los niños que, con su pureza, contribuyen a un modelo auténtico de vida familiar. La cuestión de los métodos naturales para la regulación de la fertilidad se propuso junto a un compromiso de ir a contracorriente respecto a una cultura anticristiana alimentada por una crisis económica y social globalizada. Como síntesis de esta realidad resonó en el aula la definición de «Sampo generation», típica de Corea, que, se dijo, ya nada significa galanteo, matrimonio e hijos, a causa de la presión social y los problemas económicos. Entre las iniciativas concretas para relanzar la propuesta cristiana, también un equipo multidisciplinario que tenga como protagonistas a los laicos, sobre todo mujeres. De ellas, se afirmó, se habla aún demasiado poco. Y no se reconoce demasiado su papel concreto, sean madres, hijas, abuelas y esposas.

Sería oportuno, por último, que las familias cristianas se uniesen aún más para testimoniar, con los hechos, los valores fundamentales, comenzando por el respeto mutuo, utilizando el momento del Bautismo de los niños como espacio privilegiado de catequesis y conversión. Entre las intervenciones, la de los esposos iraquíes Marqus Odeesho, la religiosa costarricense Berta María Porras Fallas, la docente argentina María Marcela Mazzini, y la coordinadora de nuestra edición mensual “donne chiesa mondo” Lucetta Scaraffia.

Antes había tenido lugar la reflexión sobre los temas de la misericordia, de la formación, de la acción misionera de la familia, pero también de la escucha y de la realidad de ciertas situaciones que requieren discernimiento, caracterizando así los trabajos de la undécima congregación general del jueves 15 por la tarde. Con la presencia del Papa Francisco, y bajo la presidencia del cardenal Tagle, el secretario general, cardenal Baldisseri, dijo que hasta ese momento habían intervenido en las diversas sesiones 247 padres sinodales y uno había presentado su aportación por escrito. Entre las intervenciones de la tarde, las de los cardenales Tettamanzi, Filoni, Caffarra, Menichelli, Danneels, y de los arzobispos Osoro Sierra y Zékiyan. A los 249 padres sinodales se presentaron diversas experiencias pastorales y algunas propuestas para estar cerca de la crisis y necesidades de las familias. En especial, se destacó cómo a pesar de las situaciones críticas en las que se encuentra una familia, la gracia sacramental dada en el matrimonio, y que se extiende a la familia misma, no se ofrece para luego ser retirada en cualquier circunstancia. Al contrario, es el hombre quien ignora o no usa ese tesoro, como enseñaba Juan Pablo II. En efecto, se explicó, es impensable que Cristo se divorcie de la Iglesia y que, por lo tanto, Dios niegue o abandone a su familia. En el matrimonio, se destacó, el sacramento no muere nunca y la gracia nunca es anulada, es más, puede revivir si existe un poco de fe, perdón y verdad entre los esposos y con los hijos. Al respecto, se explicó cómo la vocación matrimonial y la vida de familia no son ad tempus y necesitan cada día ser elegidas, renovadas y confirmadas, así como sucede en la vocación sacerdotal y en la vida consagrada. Respecto a los muchos países en los que las Iglesias son jóvenes y la evangelización es reciente, la enseñanza sobre el matrimonio y la familia debe ser clara y comprensible. Al respecto, se hizo una sugerencia: considerando la diversidad de tantas situaciones culturales, sociales y religiosas, se dé a las Conferencias episcopales la posibilidad de estudiar y hacer propuestas que tengan en cuenta situaciones matrimoniales específicas, que luego la Santa Sede evaluará.

Precisamente para ir al encuentro de las familias heridas y para evitar que en el amor conyugal ocupe un lugar decisivo la división, es necesario que los esposos realicen un acto de fidelidad al don de Dios, pero es necesario también que los pastores y la comunidad sean custodios con ternura de la debilidad humana y ofrezcan la medicina de la gracia. La pastoral, se destacó, debe llevar la grandeza de la paciente y sanadora misericordia sin traicionar la verdad. Es necesario, por ello, acogida, comprensión, participación solidaria, integración generosa, que se convierten en valores necesarios para formar discípulos que lleguen a ser samaritanos obedientes y gozosos. Sin estas actitudes, se destacó, se corre el riesgo de ser constructores de un reino de separados: los justos por una parte, los pecadores por otra. Se invitó también a reflexionar sobre el caso de los esposos inocentes y abandonados. La persona abandonada que ha tenido y ha vivido sin duda la gracia de la vocación conyugal, ¿se ha de considerar que con el abandono se le induce a la vocación de plena castidad?

Al respecto, un padre sinodal hizo referencia a una praxis oriental que se remonta al menos al siglo VI, la que en algún caso particular la Iglesia oriental, si bien se recuerda la indisolubilidad del matrimonio, y con el discernimiento del obispo, toleraba un rito penitencial para aquellos que, fracasado el matrimonio y no teniendo ya la posibilidad de reconstruirlo, se volvían a casar. Se invita así a reflexionar sobre la cuestión con una perspectiva más atenta a la epiqueya. Otro padre sinodal habló de casa de la misericordia, entendida como el lugar donde Dios habita en nosotros, donde su Espíritu nos habita. La palabra hebrea (rahumin), se explicó, que corresponde al término latino misericordia, no contiene la palabra corazón, pero elige otro término: “seno, útero”. Esto porque, se precisó, el lugar de la misericordia es un espacio donde reina la ternura del corazón, un clima que se parece al calor del seno materno. Se hizo mención luego a los miles de personas que han enviado cuestiones y sugerencias para el Sínodo. Todo ello, se dijo, surgía de su corazón, en cuanto que Dios los habitaba. Se habló también de las víctimas del silencio, es decir de los chicos y las chicas objeto de incesto por parte de los padres o hermanos. Estas personas abusadas en la infancia deberían encontrar una atención especial en el seno del debate del Sínodo. También por la tarde intervinieron tres matrimonios auditores: los esposos Villafania, colaboradores de “Evangelium foundation” en Manila, Filipinas, los esposos Witczak, responsables del “Worldwide marriage encounter international ecclesial team” de Estados Unidos y los esposos italianos Paloni y Calabrese, comprometidos en la pastoral misionera.

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

22 de Enero de 2019

NOTICIAS RELACIONADAS