Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

Con la mirada de Ulises

· El director griego Theo Angelopoulos muerto en un accidente de tráfico ·

Resulta verdaderamente emblemático que la noticia de la muerte de Theo Agelopoulos llegue el mismo día en que un autor antes muy particular como Martin Scorsese es premiado por la Academia por un producto que se inclina dócilmente ante las novedades tecnológicas impuestas por la industria.

El gran director griego era exactamente lo opuesto. Parecía divertirse andando en contra de cualquier moda. Incluso demasiado, tanto que a menudo atraía las críticas. Es el caso de El vuelo (1986), una película que inaugura la larga colaboración con Tonino Guerra, o de La eternidad y un día (1998), que sin embargo le aseguró la Palma de oro de Cannes, confirmando que su cine es muy difícil de situar.

Se puede decir que en casi todos los demás casos su tono extremadamente contemplativo, ese ritmo narrativo más lento que la vida misma que lo hacía difícil al gran público, no era en absoluto una costumbre de autor arisco y de vieja escuela.

El legado más valioso de su obra es la capacidad de viajar sobre aquella finísima línea de división entre el yo y el mundo, de saber contar el acontecimiento de un pueblo a través de la interioridad incluso de un solo protagonista. Como en La mirada de Ulises (1995), historia de un cineasta exiliado que regresa a su Grecia en búsqueda del primer filme nacional. Y que mientras persigue su quimera atraviesa los Balcanes, devastados por la guerra y perdidos en las estelas de otras quimeras. La película se convierte de esta manera en un viaje en el que se entrecruzan memoria personal y colectiva.

En este sentido, Angelopoulos se hacía portavoz de toda una generación al reivindicar el derecho a una historia, y al denunciar las aberraciones que la roban a los pueblos. Sólo en esto terminaba por parecerse a algunos de sus colegas connacionales, allí donde la pertenencia a las nouvelles vagues europées era poco más que una coincidencia cronólógica y la obra de Brecht era una afinidad electiva a la que el director llegaba aunque partiendo de otros caminos, estrictamente cinematográficos. Del mismo modo que el famoso uso de planos-secuencia larguísimos acababa por hacer coincidir accidentalmente su cine con el teatro. Por lo demás, se realiza en el teatro el filme que lo ha lanzado a la atención de la crítica europea, La representación (1975). En el escenario se entrecruzan la tragedia clásica y las vicisitudes del pueblo griego.

Las historias de viajes, huidas, búsquedas, migraciones, aunque no son necesariamente las más logradas, son las más representativas del gran autor griego . Y una idea de viaje nos la daba ya el título del filme que estaba rodando durante estos días, El otro mar , del que se sabe poquísimo. Se sabe sin embargo que era la historia de un padre y una hija, y que trataba sobre las nuevas generaciones, quizás un nuevo pueblo en busca de acontecimientos.

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

23 de Mayo de 2018

NOTICIAS RELACIONADAS