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Con el estilo de Emaús

· Continúan las sesiones de los círculos menores ·

Se retomaron el lunes 12 de octubre, por la mañana, las sesiones de los círculos menores para la confrontación sobre la segunda parte del Instrumentum laboris, teniendo en cuenta las intervenciones pronunciadas en el aula. Mientras tanto, el sábado por la tarde fueron veinte los que tomaron la palabra en los trabajos de la séptima congregación general, que concluyó con once intervenciones libres. Presidida por el cardenal Wilfred Fox Napier, la asamblea inició y concluyó con la oración guiada por el Papa. Participaron 228 padres sinodales.

En el debate se recordaron los testimonios de los veintiún mártires egipcios en Libia y de Asia Bibi. Y no faltó una serie de propuestas precisas: ante todo un momento de oración para que el pueblo ucranio no se sienta abandonado, en el silencio de los medios de comunicación, y no sea objeto de negociaciones políticas y diplomáticas. Y de África llegó también la idea de una jornada anual de oración y adoración por el matrimonio y la familia, posiblemente el día de la fiesta de la Sagrada Familia.

La candente cuestión del trabajo sugirió también la propuesta de un llamamiento a los numerosos empresarios y comerciantes cristianos para que no empleen a sus trabajadores los días de fiesta. Podría ser también una ocasión para relanzar una reflexión entre trabajo y vida familiar, sin perder de vista las trágicas situaciones de desocupación, precariedad, despido y fondo de empleo que a menudo hacen que falte lo necesario no sólo para la supervivencia sino también para el derecho a vivir la fiesta con un estilo adecuado, sin consecuencias sobre todo para los hijos.

Orientando luego la mirada a la figura del sacerdote, en la perspectiva de una maduración afectiva-psicológica y de una preparación específica y permanente, se sugirió también que el tema del próximo sínodo pueda tratar, precisamente, sobre la formación de los presbíteros.

Al respecto, algunas intervenciones remarcaron que la atención a la realidad familiar, sobre todo hoy, no puede limitarse a esquemas de rutina y prefabricados o, peor aún, marcados por la improvisación. Un punto fundamental debería ser que los cursos de preparación al matrimonio nunca sean superficiales, sino enriquecidos por testimonios concretos de parejas cristianas comprometidas plenamente en la vida de la parroquia, y no delegados sólo a expertos. Fueron numerosas y articuladas las intervenciones sobre los cursos. Además, se propuso vivir el tiempo de preparación al matrimonio como un noviciado sui generis, que sea análogo al itinerario catecumenal de iniciación cristiana y que podría comenzar con un acto litúrgico concreto de bendición del noviazgo. Así pues, se pidió creatividad pastoral, con la consciencia de que muchos esquemas, que funcionaban en el pasado, ahora han sido superados.

Una palabra clave presente en la gran parte de las aportaciones fue «acompañamiento», con explícita referencia a la actitud de Jesús con los dos discípulos por el camino de Emaús. No faltaron luego recomendaciones para utilizar un lenguaje apropiado, tanto para ser claros y comprensibles como para no herir a quienes se encuentran en situaciones complejas, como por ejemplo los hijos de padres separados. Otras intervenciones invitaron a dar confianza a la conciencia, formada e informada. Y a no caer en el esquema permitido-prohibido, confiando en cambio en el estilo de san Pablo, que en la primera carta a los Corintios habla de la «carne sacrificada a los ídolos».

La Iglesia, se recordó, debe tener las puertas siempre abiertas para acoger a todos, con la pedagogía del padre en la parábola del hijo pródigo. Y si no hay acuerdo en algunas cuestiones de moral, se dijo, eso no debe comportar la exclusión de nadie, mucho menos de quienes no forman parte de la categoría tradicional de familia. En este sentido el ya cercano jubileo de la misericordia es una ocasión que no se puede dejar pasar.

En el aula se habló también de la cuestión de la fecundidad y de los métodos de regulación natural, así como de abusos y violencias, hasta las discriminaciones a las que se ven sometidas las mujeres. Una serie de intervenciones, centradas también en las experiencias directas de algunos padres sinodales, presentaron situaciones particulares vinculadas a la historia y a la cultura de regiones específicas, muy distintas entre sí: desde la mentalidad protestante del norte de Europa a las persecuciones que los cristianos sufren en los países de mayoría musulmana, hasta las cuestiones de los matrimonios mixtos en Asia. Por último se dejó espacio a las numerosas situaciones de fragilidad que se viven en la familia: ancianos, enfermos y discapacitados. Intervinieron, entre otros, los cardenales Stella, Collins, Gracias y Schönborn, el patriarca Sedrak, los arzobispos Pezzi, Chaput, Hoser, Arancedo, Eamon Martin, Padrón Sánchez, Ulrich, Durocher y Coleridge, los obispos Bastres Florence, Wątroba, Murry, Brunin, Simard y Vesco y el párroco Rosa

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