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Compromiso
contra la indiferencia

· En el Ángelus el Papa relanza el mensaje de la Jornada mundial de la paz ·

Poner en práctica, con la ayuda de Dios, el compromiso asumido al inicio del año: vencer la indiferencia y conquistar la paz. Es la exhortación que el Papa Francisco volvió a proponer en el Ángelus del 3 de enero siguiendo el tema del mensaje para la Jornada mundial. Renovando «a todos los deseos de paz y de bien en el Señor» en el primer domingo del año, el Papa rezó la oración mariana de mediodía con los numerosos fieles presentes en la plaza de San Pedro.

Poco antes, en el habitual comentario a la liturgia del día, centrada en el prólogo del Evangelio de san Juan, el Pontífice explicó cómo la Palabra «ha venido sobre la tierra para que nosotros la escucháramos y pudiéramos conocer y tocar con la mano el amor del Padre». Sin embargo —puso de relieve— el evangelista mismo «no esconde el dramatismo de la Encarnación del Hijo de Dios, subrayando que al don del amor de Dios se contrapone la no acogida por parte de los hombres».

Al respecto el Papa hizo referencia al «misterio del mal que acecha nuestra vida y que exige de nuestra parte vigilancia y atención para que no prevalezca». «Ay de nosotros —advirtió— si lo dejamos entrar, sería él entonces quien cerraría nuestra puerta a los demás». En cambio, estamos llamados «a abrir de par en par la puerta de nuestro corazón a la Palabra de Dios, a Jesús, para volvernos así sus hijos». En efecto, añadió, sólo si escuchamos «la invitación de la santa Madre Iglesia a acoger esta Palabra de salvación, este misterio de luz... creceremos en el conocimiento y en el amor del Señor», aprendiendo «a ser misericordiosos como Él». De aquí la recomendación, «especialmente en este Año santo de la Misericordia», de transformar cada vez más el Evangelio en «carne también en nuestra vida». Porque, continuó el Pontífice, acercarse a él, meditándolo y encarnándolo «en la vida cotidiana es el mejor modo de conocer a Jesús y donarlo a los demás».

Por lo demás, advirtió el Papa Francisco, «la vocación y la alegría de cada bautizado» debería ser precisamente la de «indicar y donar Jesús a los demás, pero para hacerlo debemos conocerlo y tenerlo dentro de nosotros, como el Señor de nuestra vida. Él —concluyó— nos defiende del mal, del demonio que siempre está agazapado frente a nuestra puerta, frente a nuestro corazón y quiere entrar».

Ángelus del Papa

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18 de Junio de 2019

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