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Compañero de equipo

· La obra de un misionero argentino en Mozambique ·

Un guía, un transmisor de fe, un compañero de fútbol, un confesor, un consejo en el momento apropiado, una mano en el hombro cuando más falta hace, una ambulancia improvisada, un canal para que Dios llegue a la gente. Un misionero es todo eso y más. Forma parte de un proyecto estructurado y estudiado en el que todo el mundo aporta algo. Y que se sustenta sobre una base de trabajo incondicional que fomenta el crecimiento cultural y humano de tanta gente. Los beneficios en las comunidades, en muchas vidas, son palpables. El padre Juan Gabriel Arias es misionero en Mozambique. Allí está establecido desde 2014. Llegó por primera vez en el año 2000, vivió desde el 2003 al 2005 y el resto del tiempo visitó el país de forma intermitente para quedarse varios meses. Gestiona 44 comunidades rurales. Allí ha visto la riqueza de la Iglesia, porque el pueblo de Dios está también ahí, en las periferias de las periferias, donde un sacerdote con voluntad vale tanto como una legión humanitaria. Donde se junta lo mejor de una Iglesia en salida y sinodal, porque los sacerdotes locales trabajan codo con codo con los misioneros y los fieles se ayudan unos a otros. Y donde cada uno aporta lo que puede: tiempo, ganas, trabajo, esfuerzo, dinero, comida o simplemente cariño y atención. Es el emblema del dinamismo y de la comunión eclesial donde todos los ámbitos de la misión de la Iglesia confluyen en una perfecta sinergia. Y donde se lleva a la práctica el concepto de caminar juntos.

«Yo no soy más que cualquier sacerdote de allí», recuerda el padre Gabriel en esta entrevista en Roma con «L'Osservatore Romano». Juntos forman una cadena perfecta y precisa de Evangelio, solidaridad, consuelo, asistencia e impulso. La Iglesia escucha, actúa y los fieles responden. En las periferias, donde brotan las historias que desafortunadamente inspiran la cultura del descarte que tanto denuncia el Papa, los misioneros y la Iglesia local hacen sentir a la comunidad que cada individuo tiene mucho que aportar y que la Iglesia la forman todos los cristianos. Lo que está en el centro es la persona, sin importar el lugar en el que haya nacido «es un ser humano igual», dice Juan Gabriel y eso es lo fundamental. Hay situaciones difíciles, cuenta. «Yo trabajo mucho en la autoestima de las personas, a nadie le importa esta gente, todos los usan, son los últimos del mundo. Si mueren o viven a nadie le importa, ni siquiera entran en las estadísticas. Levantarles la autoestima, hacerles sentir que son válidos no solamente para Dios -esto ya lo saben- sino para los demás también, es muy importante»

de Lorena Pacho Pedroche

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17 de Octubre de 2018

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