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​Como una sola familia

Iniciada en el signo de la amistad entre las religiones, la visita del Papa a Sri Lanka concluyó con una mirada al mañana de la nación desde el antiguo santuario mariano de Madhu, al norte de la isla: que por intercesión de la Virgen «todos los hombres encuentren aquí el ánimo y la fuerza para construir un futuro de reconciliación, justicia y paz», deseó Francisco. Y las mismas palabras pronunciadas en el lugar de culto, muy venerado no sólo por los cristianos, resonaron por la mañana en Colombo durante la homilía papal para la canonización de José Vaz, con el deseo de que los cristianos puedan ofrecer una aportación aún mayor al país, que ha salido de un largo y sangriento conflicto civil.

La figura del oratoriano de Goa, que llegó clandestinamente a Ceilán en 1686 para ayudar a los católicos perseguidos por los holandeses calvinistas y ofrecer su ayuda a todos, fue indicado por el Pontífice como ejemplo para los cristianos de hoy. Al hablar ante al menos medio millón de personas reunidas en un enorme parque frente al océano, Francisco presentó al nuevo santo como un sacerdote ejemplar, que supo «salir a las periferias, para que Jesucristo sea conocido y amado en todas partes». Con un añadido: precisamente «como nosotros» Vaz vivió en un tiempo de «transformación rápida y profunda», cuando «los católicos eran una minoría», y además «divididos entre sí», mientras que hacia afuera «sufrían hostilidad» y persecuciones.

Es necesario superar las divisiones religiosas, repitió el Papa. Y como entonces el misionero oratoriano que quiso servir a todos, «quienquiera que fueran y dondequiera que estuvieran», hoy la Iglesia en Sri Lanka, cierto no rica, no hace distinción de ningún tipo en el servicio generoso que presta con sus obras a toda la sociedad. Con una única petición: ser libre para llevar adelante la propia misión. El ejemplo del santo proclamado en Colombo confirma luego que «el verdadero culto a Dios no lleva a la discriminación, al odio y la violencia, sino al respeto de la sacralidad de la vida» y «al respeto de la dignidad y la libertad de los demás». Precisamente de este modo hay que ser misioneros en contextos multirreligiosos: con respeto, junto con «dedicación, perseverancia y humildad».

Sencilla y conmovedora fue la oración en el santuario de Madhu, inmerso en el verde de la vegetación, ante la antigua imagen de la Virgen que lleva en brazos al pequeño Jesús y con la cual Francisco al finalizar bendijo a los fieles. Aquí todos, tamiles y cingaleses, vienen a la casa de María como «miembros de una sola familia» dijo el Pontífice. Y al recordar la tragedia del conflicto civil que no perdonó ni siquiera el santuario, que sin embargo se convirtió en lugar de refugio abierto a todos, el Papa pidió a la Virgen la gracia de la misericordia de Dios y la «de reparar por nuestros pecados» y los males provocados por la guerra.

Tras ser llevada fuera del santuario durante los años del conflicto civil, la pequeña estatua de la Señora de Madhu volvió al lugar después de su conclusión. «Pero la Virgen permanece siempre con vosotros», exclamó el Pontífice, y «sigue llevándonos a Jesús». Acompañando el proceso de reconciliación para que las comunidades tamil y cingalesa puedan también ellas volver a la casa de Dios.

Giovanni Maria Vian

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23 de Octubre de 2019

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