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Como una familia

· Misa en Santa Marta ·

Es «familiaridad» la palabra clave de la homilía llevada a cabo por el Papa Francisco durante la misa celebrada en Santa Marta el martes, 26 de septiembre. El centro es la perspectiva que cada cristiano debe «sentirse familia de Jesús», vivir en «cercanía» con Él cada momento del día, incluso aquellos aparentemente más banales.

Fue precisamente Jesús quien ofreció esta oportunidad a cada hombre, haciendo lo mismo -dijo el Pontífice- «un paso más en la cercanía que tiene con nosotros». Es lo que emerge claramente del evangelio del día (Lucas, 8, 19-21), en el que se lee que «Jesús estaba predicando con tanta multitud« mientras «llegó su familia» a encontrarlo. «Y cuando le dicen que allí está su madre, sus parientes, su familia», Jesús «alarga el concepto y dice: “Esta es mi familia, ellos, es esta, todos, todos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”». He aquí, explicó el Papa, el «paso más» que da Jesús, que afirma: «Yo tengo una familia más grande que pequeña, en la cual he venido al mundo». De este modo Él «nos hace pensar a nosotros que somos su familia», es decir, aquellos «que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica».

Un gesto, aquel de Jesús, que restituye «el concepto de familiaridad con Dios, de familiaridad con Jesús». De hecho, dijo Francisco, «nosotros podemos ser discípulos, podemos ser amigos, pero ser familia es aún más». Es un salto de calidad si se piensa en el «primer mandamiento que hemos recibido en la persona de nuestro padre Abraham», o sea: «Camina en mi presencia y sé irreprochable». Hoy aquel mandamiento «ha crecido y es más grande y largo: “Escucha la palabra de Dios. Ponla en práctica, así serás mi familia, tendrás familiaridad conmigo”».

De aquí, sugirió el Pontífice, cada uno puede valorar su propia relación con Jesús y preguntarse: «¿Es una actitud formal, educada?. Yo voy a rezar, después voy con mis cosas, me olvido de Jesús y hago mis cosas, vuelvo a rezar». ¿Es, por tanto, una actitud diplomática»?. O ¿«es una actitud familiar», en la que se siente «familiaridad con el Señor»?.

Para responder hay que comprender «qué significa esta palabra que los padres espirituales en la Iglesia han usado tanto y nos han enseñado: la familiaridad con Dios». A este respecto, el Papa dio indicaciones. Antes de nada, significa «entrar en la casa de Jesús: entrar en esa atmósfera, vivir aquella atmósfera que hay en la casa de Jesús. Vivir allí, contemplar, ser libres, allí». De hecho, aquellos que «habitan la casa del Señor», ya que son «hijos» y «tienen familiaridad con Él», son también «libres». Hay una diferencia sustancial con quien no tiene esta familiaridad: Francisco reclamó una expresión bíblica, o sea «los hijos de la esclava» y la aplicó a aquellos que «son cristianos pero no osan acercarse, no osan tener esta familiaridad con el Señor y siempre hay una distancia que los separa del Señor».

Por tanto, y es el segundo aspecto a considerar, «familiaridad con Jesús significa esta con Él, mirarlo, escuchar su palabra, buscar practicarla, hablar con Él». Un diálogo simple, explicó el Pontífice en el que se habla con el Señor de las cosas de cada uno, con «aquella oración que se hace también de camino: “Pero, Señor, ¿qué piensas?”». Se trata, por lo demás, de aquella familiaridad que tenían los santos. El Papa recordó, por ejemplo a Santa Teresa, «que encontraba al Señor en todas partes, era familiar con el Señor en todas partes, incluso entre las cazuelas en la cocina».

Pero más allá de «estar con el Señor», añadió Francisco, es importante «quedarse con el Señor»., como Él mismo aconsejó en «el discurso de la última cena». El pensamiento, dijo el Pontífice, va al inicio del Evangelio, cuando Juan indica: “este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Y Andrés y Juan fueron tras Jesús: “Maestro, ¿dónde estás?” -venid e veréis”» Los dos discípulos lo siguieron y, dice el Evangelio con una «frase hermosa: “se quedaron con él todo el día y toda la noche”».

Por tanto, concluyó el Papa, hay que, proceder «con esta actitud de familiaridad con el Señor» y no quedarse como cristianos que se conforman con tener una «actitud buena con el Señor, pero tú allí y yo aquí». La invitación del Señor está clara y es más atrayente: «Somos familia, vosotros sois mi familia si escucháis mi palabra y si la ponéis en práctica». Hay que tener el estilo de quien, con sus problemas, durante el día «va en el bus, en el metro e interiormente habla con el Señor o al menos sabe que el Señor lo mira, le es cercano: esta es la familiaridad, es cercanía, es sentirse de la familia de Jesús».

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