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Como las danzas circulares sagradas

· Entrevista a Tea Frigerio sobre la experiencia decenal de las Comunidades eclesiales de base en Brasil ·

«La vida de una Comunidad eclesial de base (Ceb) –nos explica Tea Frigerio– se concentra en la celebración dominical de la Palabra que hacen los laicos. La novedad, en estas comunidades tradicionales, es la centralidad de la Palabra a partir de la cual también comienza a renovarse la pastoral. La lectura de la Palabra desde la vida compromete a las personas en la transformación social. Nacen las primeras luchas por un sindicato libre que, evitando la sumisión a los latifundistas, llegue a ser un instrumento de justicia. El compromiso en favor de la vida crece también dentro de la comunidad gracias a las acciones solidarias, a través del así llamado mutirão, es decir, la ayuda mutua en el trabajo de los campos. Una Ceb es como una rueda: el perno central es Jesús, los rayos son los ministerios vividos y el círculo es la vida».

¿Cómo y por qué nacieron las Comunidades eclesiales de base (Cebs) en Brasil?

En la Lumen gentium el Concilio había definido a la Iglesia como pueblo de Dios. El Encuentro de Medellín, en 1968, retomó esta profecía, encarnándola en una pastoral dirigida a los últimos. Entre los más abandonados se comprobó la presencia de una comunidad, apoyada a menudo por una religiosidad popular. Esta comunidad recibía la visita del sacerdote una o dos veces al año, celebraba la Palabra y permanecía unida a Jesús y a María mediante una fe profunda expresada con modalidades tradicionales. Los obispos reconocieron en este tipo de comunidades la semilla de las comunidades descritas en los Hechos de los Apóstoles. A partir de esta constatación nació un proceso de formación de laicos basado en la palabra de Dios que se encarna en la vida. En este proceso, la teología de la liberación fue un gran apoyo.

¿La teología de la liberación precedió a las Cebs?

No hay un antes ni un después. Hay un proceso teológico, hay un camino eclesial en el que confluyen el pueblo, los misioneros y los religiosos, los sacerdotes y los obispos.

¿Cuánto influyó la opresión política en el recorrido de las Cebs?

No es solo la Lumen gentium la que influye en este proceso, sino también la Gaudium et spes, que llama a la Iglesia a ser esperanza del mundo. Estos dos documentos, a mi parecer, son la luz que guía el encuentro de los obispos en Medellín, en el que afirman que hay un grito silencioso que nace del pueblo y que debe escucharse. En aquel momento Brasil estaba en plena dictadura. En este proceso, la pedagogía de Paulo Freire tuvo gran importancia: se hizo intérprete de quienes no podían hacer oír su voz. Muchos laicos, religiosos, religiosas y sacerdotes, a partir de la situación de opresión causada por las dictaduras, se comprometen a dar vida a movimientos de concienciación y contestación. En aquel período, la reflexión sobre el Éxodo y sobre el Jesús liberador tuvo una importancia fundamental. Hubo un gran fermento que implicó a la Iglesia, a las comunidades ya existentes, a los movimientos de liberación, como las ligas campesinas, colectivos que surgieron gracias a una conciencia cristiana renovada. Estos tres componentes, interactuando, darán vida a las comunidades eclesiales de base.

¿Qué importancia tuvieron las Cebs en la vida del pueblo?

Nació un laicado consciente de ser portador de una buena nueva y no solo destinatario. Esta conciencia impulsó una transformación tanto en las estructuras eclesiales como en las estructuras sociales. Hoy, muchos de los que están en los sindicatos, en los partidos o en otros ámbitos de compromiso social, recorrieron este camino. Un ejemplo: los campesinos y los pescadores, que dependían de otros más grandes, a partir de la vida de comunidad lograron constituir cooperativas que aún hoy funcionan. El Evangelio que hizo de ellos una comunidad, los impulsó a pensar cómo vivir esta Palabra mediante una transformación que les permitiera una vida digna, tanto para ellos como para sus familias. Su conciencia de ser pueblo de Dios los llevó a sentirse protagonistas no solo en la comunidad, sino también en la vida social. Todos los movimientos que impulsaron la transformación democrática de Brasil tienen como base este camino de conciencia cristiana.

¿Qué detuvo el camino de las Cebs?

Las comunidades se desarrollaron en los años setenta, y florecieron plenamente durante dos decenios. Su estancación comenzó con el proceso de la teología de la liberación, que también contestaba un modo de ser Iglesia. Creo que quienes las observaban desde fuera, tenían miedo. Pero también dentro de ellas las pocas personas que no habían hecho esa elección sentían miedo, y presionaron para interrumpir su camino. Temían perder poder y papeles, temían a un laicado consciente y una excesiva politización, temían que en la teología de la liberación y en las Cebs se infiltrara el marxismo, aunque del marxismo solo se había tomado su instrumento de análisis. Usando el método ver-juzgar-actuar, en el «ver» el análisis se hacía con los paradigmas marxistas. Fernando Belo publicó entonces un libro sobre el Evangelio, interpretándolo en clave política. La lectura de la realidad a la luz del Éxodo y del Jesús liberador despertó una sospecha de marxismo que, según yo, era infundada, aunque la utopía de una sociedad justa forma parte del análisis marxista.

Hubo quienes vieron una falta de espiritualidad.

No estoy de acuerdo: un camino de Iglesia, a lo largo del cual hubo numerosos mártires –sacerdotes, religiosas, religiosos, obispos y laicos–, solo puede existir si se basa en una profunda espiritualidad.

¿Cuáles otros factores produjeron la crisis de las Cebs?

También existieron causas internas. Esta experiencia nació en zonas internas, a orillas de ríos, en campos: las Cebs no han encontrado hasta ahora el modo de ser Cebs en la ciudad. Pero a la debilitación de las comunidades también ha contribuido la difusión, en estos decenios, del pentecostalismo, que responde a un cierto espíritu popular mágico que busca al sanador, que busca un consuelo psicológico sin compromisos.

Los grupos del Evangelio en las ciudades, de los que tanto se habla hoy, ¿son la misma cosa que las Cebs?

De acuerdo con mi experiencia en Belém, los grupos del Evangelio, grupos de escucha de la Palabra, son el camino de búsqueda del nuevo rostro de las Cebs en la realidad urbana. Son la semilla de las Cebs, que están recorriendo un camino de búsqueda, porque la utopía de la Iglesia pueblo de Dios y de la Iglesia al servicio del Reino no ha muerto, sino que es una pequeña flor que hay que cultivar. En esta búsqueda, la sed de la Palabra es siempre muy grande: la Palabra leída a partir de la vida. Y cuando los laicos descubren esto, descubren que el hecho de ser cristianos se relaciona con la verdadera tradición, que es la utopía presente en los Hechos de los Apóstoles, no como algo ya realizado, sino como una utopía por realizar.

El libro de Gustavo Gutiérrez y Gerhard Ludwig Müller, «De la parte de los pobres. Teología de la liberación, teología de la Iglesia» (2013), ¿qué puede significar?

No es la única señal de esperanza. En este momento histórico, el documento de Aparecida, fruto de la asamblea de los obispos latinoamericanos de 2007, inspira la vida de las Iglesias en América Latina: recuerda la utopía de las Cebs. El Papa Francisco habla a menudo de comunidad, de volver a los pobres. Estoy convencida de que tanto las Cebs como la teología de la liberación, antes de ser una teoría, fueron vida. Aunque se hable de muerte de la teología de la liberación y de las Cebs, si bien ya no estén de moda, siguen siendo la vida de numerosas personas que creen que la comunidad con la que soñó Jesús es una comunidad para la vida, y se la sigue viviendo en la base, en el pueblo. Es como un río cárstico, que puede parecer muerto, pero que fluye bajo tierra y se purifica para salir a la luz con agua más límpida y fresca para la vida.

Del 7 al 11 de enero de 2014 se celebrará la decimotercera asamblea intereclesial de las Cebs.

Se trata del encuentro trienal itinerante de todas las Cebs de Brasil, con la presencia de las Cebs latinoamericanas. El tema –«Justicia y profecía al servicio de la vida: Cebs peregrinas del Reino en el campo y en la ciudad»– incluye un texto base para la reflexión, en preparación al encuentro. El encuentro fue organizado por el Consejo permanente de las Cebs, formado por dos obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos con el propósito de verificar el camino recorrido por las Cebs y trazar el camino del próximo trienio, según el método ver-juzgar-actuar.

Los obispos brasileños, pues, siguen creyendo en las Cebs.

El Episcopado latinoamericano jamás renegó de esta opción, al contrario. El hecho de que la Conferencia episcopal brasileña haya designado a dos obispos para que la representen en el Consejo de las Cebs es una muestra de la importancia que atribuye a este itinerario. La Iglesia brasileña presta atención al camino de las Cebs. Ciertamente, esto puede considerarse como un intento de recuperación, pero la historia nunca vuelve atrás: puede haber un reflujo, pero la vida va adelante. En las danzas circulares sagradas, danzas dieciséis pasos y vuelves atrás catorce pasos, porque la vida no vuelve jamás al mismo lugar, hay siempre un crecimiento. Nadie olvidará la experiencia hecha. El Papa Francisco no vino por casualidad: es fruto de un camino, de una pastoral, de una Iglesia, de un sentir, como Jesús es fruto de los anawim, del pueblo de los «pobres» de Israel, del camino de un pueblo. Una experiencia que es vida no vuelve nunca al punto de partida.

Tea Frigerio, misionera javeriana, vive en Brasil desde 1974, precisamente en Belém (Pará). Profesora de Sagrada Escritura, fue coordinadora y directora del Departamento de pastoral del Instituto de pastoral regional. Desde 1985 es miembro del Centro de estudios bíblicos, del que coordina su programa de formación. En 1999 comenzó a animar el camino de Lectura popular de la Biblia en Italia. Entre sus libros, recordamos Sfida al patriarcato. Lettura femminista del Libro de Rut (2011) y Fonte d’acqua viva (2006).

Por Teresa Caffi

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