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Católicos pero no demasiado

· Misa en Santa Marta ·

Hay cristianos que se detienen en la «reception» de la Iglesia y permanecen inmóviles en la puerta, para no comprometerse. Es la actitud de quien se declara «católico, pero no demasiado», de ello el Papa Francisco habló durante la misa del martes 28 de octubre.

El día de la fiesta de los santos apóstoles Simón y Judas, destacó el Pontífice, «la Iglesia nos hace reflexionar sobre sí misma», invitándonos a considerar «cómo es la Iglesia, qué es la Iglesia». En la carta a los Efesios (2.19-22) «lo primero que nos dice Pablo es que nosotros no somos extranjeros ni forasteros: no estamos de paso, en esta ciudad que es la Iglesia, sino que somos conciudadanos». Por lo tanto, «el Señor nos llama a su Iglesia con el derecho de un ciudadano: no estamos de paso, estamos arraigados allí. Nuestra vida está allí».

Y Pablo «presenta la imagen del palacio o del templo» al escribir: «Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular» (v. 20). Exactamente «esta es la Iglesia», confirmó el Papa. Porque «estamos edificados sobre las columnas de los apóstoles: la piedra angular, la base, es Cristo mismo, y nosotros estamos dentro».

San Pablo sigue explicando que en Cristo «todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado. Por Él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu» (vv. 21-22). He aquí, pues, «la definición de la Iglesia que hoy nos da Pablo: un templo edificado». Y así «también nosotros somos edificados para convertirnos en morada del Espíritu».

Esta misma visión de la Iglesia, continuó el Pontífice, «podemos verla también un poco más desarrollada en el pasaje del Evangelio» de san Lucas (6, 12-19) que relata cómo eligió Jesús a los apóstoles. El evangelista «dice que Jesús fue al monte a rezar. Y luego llamó a los doce, los eligió». Así, pues, Jesús bajó juntamente con ellos del monte, encontrando que en la llanura lo esperaba «una gran muchedumbre de sus discípulos, a los que enviará», y «una gran multitud de gente que trataba de tocarlo» para ser curada.

En resumen, explicó el Papa, «Jesús ora, Jesús llama, Jesús elige, Jesús envía a los discípulos, Jesús cura a la muchedumbre». Y «dentro de este templo Jesús, que es la piedra angular, hace todo este trabajo: es Él quien, de este modo, lleva adelante a la Iglesia». Precisamente como escribe Pablo, «esta Iglesia está edificada sobre el cimiento de los apóstoles que Él eligió». Lo confirma el pasaje evangélico cuando recuerda que el Señor «eligió a doce: todos pecadores, todos». Judas —indicó el obispo de Roma— «no era el más pecador» y «no sé quien haya sido el más pecador». Pero «Judas, pobrecillo, es quien se cerró al amor y por ello se convirtió en traidor». Es un hecho que «todos los apóstoles escaparon en el momento difícil de la pasión y dejaron solo a Jesús: todos son pecadores». Y a pesar de ello, Jesús mismo los eligió.

Así, continuó el Papa Francisco, «a la Iglesia la edifica Jesús con su oración; con la elección de los apóstoles; con la elección de los discípulos que luego envía; con el encuentro con la gente». Jesús nunca está «separado de la gente: está siempre en medio de la multitud que trataba de tocarlo, porque de Él salía una fuerza que curaba a todos», como destaca san Lucas en su Evangelio.

«Nosotros somos ciudadanos, conciudadanos, de esta Iglesia», dijo el Pontífice. Por ello, «si no entramos en este templo y formamos parte de esta construcción para que el Espíritu Santo more en nosotros, no estamos en la Iglesia». Más bien «estamos en la puerta y miramos», tal vez diciendo: «Es hermoso, sí, esto es hermoso». Y así terminamos siendo «cristianos que no van más allá de la “reception” de la Iglesia. Estoy allí, en la puerta», con la actitud propia de quien piensa: «Sí, soy católico, sí, pero demasiado no, así».

Según el Papa Francisco, «la cosa tal vez más hermosa que se pueda decir acerca de cómo se construye la Iglesia es la primera y la última palabra del pasaje del Evangelio: “Jesús reza”, “salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios”». Por lo tanto, «Jesús reza y Jesús cura», porque «salía de Él una fuerza que curaba a todos». Precisamente «en este marco —Jesús que reza y Jesús que cura— está todo lo que se puede decir de la Iglesia: Jesús que reza por los suyos, por los fundamentos, por los discípulos, por el pueblo; y Jesús que cura, que soluciona los problemas de la gente, que da la salud del alma y del cuerpo».

La realidad de «Jesús que reza y Jesús que cura» es actual también hoy para todos nosotros. Porque «nosotros —reafirmó el Papa— no podemos entender a la Iglesia sin este Jesús que ora y este Jesús que cura». El Papa Francisco concluyó su meditación con la oración al Espíritu Santo, para que «nos haga comprender a todos nosotros esta Iglesia que tiene su fuerza en la oración de Jesús por nosotros y que es capaz de curarnos a todos».

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12 de Diciembre de 2019

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