Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

Carmina

· ​El ensayo ·

El genio poético y musical de Hildegarda de Bingen, auténtica magistra de la comunidad femenina de Disibodenberg, es igual a su especulación teológica y a su intensa experiencia mística. Las setenta y siete piezas –Carmina. Symphonia armonie celestium revelationum (Gabrielli Editore, 2014) – son el eco de las músicas celestiales que oyó Hildegarda, y del cántico mismo de los ángeles. La monja no se guarda el don, sino que lo convierte en tal proponiéndolo a todos, para que todos puedan percibir la armonía del firmamento, y la misma Trinidad. El amor anima todos los cánticos como un hilo que une, relaciona e impulsa a mirar a María. La armonía se transforma en la clave con la que se lee toda la experiencia vital de la monja, que quiere contagiar y unir a Dios y al hombre, el cuerpo y el alma, la naturaleza y la humanidad. En los carmina se juega siempre con cuerdas diversas que vibran y recuerdan las voces que se unen, evocando el fondo de nostalgia presente en el alma de toda persona que se conmueve por el recuerdo y el anhelo del paraíso. La persona comienza a sentirse afín al ángel y se alegra, porque descubre el camino que la conduce a la Trinidad. La densidad del pensamiento inherente se expresa en la plenitud del cántico, en su fluidez: el Verbo se encarna y se expande en la floridez del lenguaje y del impulso musical, porque el acto de amor divino es grande y da la vida eterna. (Cristiana Dobner)

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

20 de Enero de 2019

NOTICIAS RELACIONADAS