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Caridad política

· El compromiso de los cristianos en la ciudad de todos ·

Diplomacia de los valores y desarrollo de los recursos energéticos y mineros es el tema del encuentro, el 7 de noviembre en el Vaticano, de la Asociación internacional Caridad política. Introducida por su fundador y presidente, Alfredo Luciani, la jornada se abrió con una relación de monseñor Bruno Marie Duffé, secretario del Dicasterio para el servicio del desarrollo humano integral, seguida por testimonios e intervenciones de representantes gubernamentales, diplomáticos y exponentes de instituciones procedentes de América, Asia y Europa. El motivo conductor de la iniciativa, que concluyó con una intervención del secretario de estado, el cardenal Pietro Parolin, fue el de conciliar las exigencias del desarrollo económico con las de la protección ambiental. Para la ocasión se han recogido en un volumen todos los textos publicados entre 1992 y 2017 por L'Osservatore Romano sobre iniciativas de Caridad Política con un prefacio del director del periódico que anticipamos en esta página.

La expresión caridad política llama inmediatamente en muchos a la enseñanza de Giovanni Battista Montini, papa de 1963 a 1978 con el nombre de Pablo VI, a quien entre 2014 y 2018 su sucesor ha proclamado beato y lo ha inscrito en el libro de santos.

En 1971, con motivo del octogésimo aniversario de la encíclica Rerum novarum, publicada en 1891 por León XIII y considerada por unanimidad el preámbulo de la enseñanza católica contemporánea sobre la sociedad, en la carta Octogesima adveniens del Papa Montini hay una expresión particularmente feliz de esta expresión (que encuentra una contraparte en la otra favorecida por el joven Montini, y eso es caridad intelectual): «La política ofrece un camino serio y difícil―aunque no el único―para cumplir el deber grave que cristianos y cristianas tienen de servir a los demás. Sin que pueda resolver ciertamente todos los problemas, se esfuerza por aportar soluciones a las relaciones de las personas entre sí. Su campo y sus fines, amplios y complejos, no son excluyentes. Una actitud invasora que tendiera a hacer de la política algo absoluto, se convertiría en un gravísimo peligro. Aun reconociendo la autonomía de la realidad política, mujeres y hombres cristianos dedicados a la acción política se esforzarán por salvaguardar la coherencia entre sus opciones y el Evangelio y por dar, dentro del legitimo pluralismo, un testimonio, personal y colectivo, de la seriedad de su fe mediante un servicio eficaz y desinteresado hacia la humanidad».

La formulación es atenta y equilibrada, en una dinámica que transcurre entre la autonomía de las realidades temporales hecha por el Concilio Vaticano II y la permanente exigencia evangélica. Y bien puede resumir la vida del propio Montini, desde las raíces familiares hasta el trabajo entre estudiantes universitarios y jóvenes católicos entre las dos guerras mundiales, hasta la acción del Vaticano en la cumbre de la Secretaría de Estado, como arzobispo de Milán y, finalmente, como Papa. Sobre el trasfondo dramático de la modernidad del siglo XX, se describe la necesidad del compromiso requerido por los cristianos como expresión de la caritas en la ciudad, la pòlis, que es el ambiente imperfecto pero vital de todos, sean conscientes de ello o no.

Este es el escenario en el que podemos ubicar a la Asociación Política Internacional de Caridad fundada en 1993 por Alfredo Luciani y desde 1996 reconocida por la Santa Sede con un documento firmado por el inolvidable cardenal Eduardo Pironio, responsable del organismo curial a cargo de los laicos. La actividad de esta asociación, de origen laico, ha sido seguida desde sus inicios (ya en 1992, pero con otro nombre), por L'Osservatore Romano, también fundado, y siempre dirigido por laicos, y definido inmediatamente, en 1861, bajo la cabecera como «periódico político-moral», con un rótulo programático que pronto se convertiría, y desde entonces siempre ha mantenido, en «periódico diario político-religioso». Esta atención del diario de la Santa Sede se evidencia en las noticias, documentos y artículos que ahora se recogen en este libro.

Junto con el nombre del presidente Luciani se alternan en estos textos los de algunos eclesiásticos: Giuseppe Molinari, ex obispo de Rieti y arzobispo de L'Aquila, los jesuitas Joseph Joblin y GianPaolo Salvini, durante más de un cuarto de siglo director de la Civiltà Cattolica. Y con los cardenales secretarios de estado y otros prelados (Vincenzo Fagiolo, Pio Laghi, Jean-Louis Tauran) hay numerosos embajadores que confirman el interés reservado a la asociación por la diplomacia (además, obviamente, las firmas de los periodistas de L'Osservatore, especialmente de los franciscanos Gino Concetti y Piero Amici). Hay numerosos temas de gran interés, pero entre todos destacan los de la promoción de la paz y el apoyo familiar, y por supuesto, la vocación de la política como un servicio a favor de la única familia humana. Para promover la cultura del encuentro, tan a menudo recordada por el Papa en estos últimos años, en una perfecta continuidad con la línea constantemente perseguida y desarrollada por la Santa Sede y sus representantes en el mundo. (g.m.v.)

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19 de Noviembre de 2018

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