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​Camino y memoria

· Misa en Santa Marta ·

A lo largo del camino de la vida, los hombres nunca caminan solos, y saber hacer memoria de la presencia de Dios junto a ellos les ayuda a entender que la salvación no es el evento de un momento, sino una historia que se desarrolla día a día, entre cosas buenas y errores, hasta el encuentro final. El paralelo entre la historia del pueblo de Israel y la personal de cada cristiano guió la meditación del Papa Francisco en la misa celebrada en Santa Marta el jueves 21 de abril: una historia que hay que valorizar porque, dijo el Pontífice, «la memoria nos acerca a Dios».

No es casualidad, destacó el Papa recordando el pasaje de los Hechos de los Apóstoles propuesto por la liturgia del día (13, 13-25), que la primera predicación, la «de los apóstoles de Jesús» fuese «histórica». En la predicación del Evangelio, estos «llegaban a Jesús, pero narrando toda la historia del Pueblo de Israel», partiendo del «padre Abraham», pasando por «Moisés, la liberación de Egipto, la Tierra prometida», hasta que, citando al rey David, concluían: «De la descendencia de este, según la promesa, ha suscitado para Israel un Salvador, Jesús». Así daban cuenta de un «camino histórico», el camino que Dios «ha hecho con su pueblo».

Todo esto, dijo Francisco, «nos hace pensar que el anuncio de Cristo, la salvación de Cristo, este regalo que Dios nos ha dado, no es una cosa de un momento y nada más: ¡es un camino!». El camino «que Dios ha querido hacer con su pueblo» y que no se debe olvidar. Tanto es así que en la Escritura son continuas las recomendaciones al respecto. Por ejemplo, en el libro del Deuteronomio, que es precisamente «el libro de la memoria de Israel», se lee: «¡Recordad, recordad! Haced memoria de esto». Por lo tanto es necesario, explicó el Pontífice, «volver atrás para ver cómo Dios nos ha salvado, recorrer —con el corazón y con la mente— el camino con la memoria y así llegar a Jesús».

El mismo Jesús ha subrayado la importancia de hacer memoria y «en el momento más grande de su vida», nos ha dado su cuerpo y su sangre « y ha dicho: “Haced esto en memoria mía”». Entonces, debemos, «tener memoria de cómo Dios nos ha salvado».

Esta es un invitación que la Iglesia recoge cada día en la liturgia eucarística. En este sentido, el Papa señaló como en la oración al inicio de la misa que estaba celebrando había habido la invocación a «Dios que ha redimido al hombre y lo ha elevado más allá del antiguo esplendor». Y añadió: «el pueblo debe hacer memoria» de que todo esto Dios lo ha hecho «en camino» con su pueblo.

En cada eucaristía se celebra «la memoria de esta salvación; el memorial de Jesús que se hace presente sobre el altar para darnos la vida», pero, añadió Francisco, «también nosotros, en nuestra propia vida personal, debemos hacer lo mismo: hacer memoria de nuestro camino», porque «cada uno de nosotros ha hecho un camino, acompañado de Dios, cerca de Dios, cerca del Señor» a veces también «alejándose del Señor». En cualquier caso, recomendó el Pontífice, «hace bien al corazón» de todo cristiano hacer memoria «del propio camino» y tener claro como Dios lo ha «conducido hasta aquí», como lo «ha llevado de la mano».

En esta recuperación del camino recorrido también nos podemos dar cuenta que a veces le hemos dicho al Señor: «¡No! ¡Aléjate! ¡No quiero!» —y «el Señor», subrayó el Papa, «es respetuoso» también con esto— pero aún así es importante hacer memoria «de la propia vida y del propio camino».

Es útil repetir a menudo esta práctica y acordarse: «En ese momento Dios me dio esta gracia y yo he respondí así...», decirse: «Hice esto, eso y aquello» y darse cuenta de cómo Dios nos ha «acompañado» siempre. De esta manera, dijo el Papa: «llegamos a un nuevo encuentro», que podría llamarse el «encuentro de la gratitud», en el que se podría rezar así: «Gracias Señor por esta compañía que Tú me has dado, por este camino que has hecho conmigo!», y también pedir perdón por los pecados y los errores de los que podemos darnos cuenta, conscientes de que Dios «camina con nosotros y que no se asusta de nuestras maldades», está «¡siempre ahí!».

En este sentido, el Pontífice añadió: «Cuántas veces le hemos cerrado la puerta en la cara; cuántas veces hemos fingido no verlo, no creer que Él estaba con nosotros; cuántas veces hemos rechazado su salvación... Pero ¡Él estaba allí!». Y es importante «hacer memoria de todos esto», como lo es también en lo que respecta a «nuestras cosas buenas». Cuántas veces, por ejemplo, «hemos ayudado a otro, cuidado a un enfermo».

De ahí la invitación a «hacer memoria de todo el camino», porque «la memoria nos acerca a Dios». Y, explicó Francisco, «la memoria de la obra que Dios ha hecho en nosotros, en esta “re-creación”, en esta “re-generación”, que nos lleva más allá del antiguo esplendor que tenía Adán en la primera creación».

Hasta el final de la homilía, el Papa repitió varias veces este sencillo consejo: «¡Haced memoria!». Sobre cómo ha sido toda la vida, o sólo del día de hoy, o del último año, es siempre bueno preguntarse: ¿Cómo han sido mis relaciones con el Señor?, y hacer memoria, concluyó el Pontífice, «de las cosas buenas, grandes que el Señor ha hecho en la vida de cada uno de nosotros». 

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20 de Septiembre de 2019

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