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Borges, el hermano de Norah

· El mundo del arte redescubre la obra de la hermana del grande escritor argentino ·

«Pintaba ángeles porque estaba segura que existían de verdad», cuenta Rodolfo Braceli hablando de la obra de Leonor Fanny Borges Acevedo, hermana del célebre escritor argentino, Jorge Luis. «Amaba el cielo porque tiene siempre matices bellísimos. Y porque es un lugar de poco tráfico». Son frases tomadas de la última entrevista; Norah Borges moriría ese mismo año, en 1998, a los 97 años. Autora de cuadros luminosos, solares, con perspectiva de fondo de colores precisos con fuertes contrastes, privados de claroscuro y de sombras; había escogido para su vida privada la sombra y la discreción. 

Artistas, ya había bastantes en la familia: además del hermano, también el marido, el escritor Guillermo de Torre, conocido gracias a un amigo común, el poeta Juan Ramón Jiménez, que le había comisionado una serie de ilustraciones para uno de sus libros. Y, en definitiva, ser la hermana de un gigante como Borges, no debe ser algo sencillo, esboza así María Jesús Espinosa de los Monteros en «El País» del 9 de marzo pasado, que ha dedicado a Norah una página monográfica.

«Quiero que en mis cuadros todo esté en reposo y en silencio» amaba decir la pintora, alérgica a los reflectores y a la girándula de los deberes sociales que la fama conlleva siempre necesariamente. «No le importó jamás llegar a ser famosa –confirma Braceli– prefería tomar el té con las amigas, comer pan y mantequilla con la gente sencilla. Sus obras las regalaba, no las vendía casi nunca, y raramente las mostraba».

A quien le pedía un juicio sobre este o aquel escritor respondía con una sonrisa: «Mi hermano y mi marido han leído ya todos los libros del mundo». Pero los cuadros, las ilustraciones y las litografías de Norah no están destinadas a quedar relegadas en el cajón de un anticuario. A casi veinte años de la muerte, su obra está lentamente resurgiendo del olvido. Recientemente una serie de muestras –en Palma de Mayorca, Varsovia y Buenos Aires– han hecho hablar de nuevo a la «menos ultraísta de los ultraístas» como la definió Juan Manuel Bonet, director del Instituto Cervantes en París. Sobre todo en la producción de los años 20 «se combinan en ella la influencia de la publicaciones expresionistas alemana, de las xilografías flamencas de Frans Masereel, estilos típicamente españoles y el redescubrimiento de Buenos Aires y del realismo mágico sudamericano».

Una vez de vuelta en Argentina, inicia a colaborar con la revista «Martín Fierro, Proa y Anales de Buenos Aires», escribiendo artículos de crítica de arte con el pseudónimo de Manuel Pienedo. «En mis tiempos las chicas no frecuentaban los cafés literarios» habría explicado muchos años más tarde a Rodolfo Braceli que le pedía el por qué de su constante understatement. Un mundo, muy «Borgesiano», en realidad, que afronta el mundo haciendo que le resbale su arrogancia, encontrando consolación en la infinita maravilla del arte; tantos episodios de su vida, realmente acaecidos, parecen sacados del libro de su hermano.

No faltan las anécdotas «borgesianas» en la historia reciente de Argentina, comenta Rogelio Pfirter, hablando de la aventura de su vida: «es una extraña broma del destino ser hoy el embajador argentino en el Vaticano, y encontrarse ante un ex profesor que ahora se ha convertido en Papa». Una foto famosa, de la que se ha sabido recientemente la atribución, testimonia la realidad de esta «broma del destino». Estamos en 1965: Borges tiene 66 años y es conocido en todo el mundo, Bergoglio es un joven maestrillo de la Compañía de Jesús, responsable de dos grupos de estudiantes de liceo a quienes enseña literatura y psicología. Ha invitado a dar un curso a los chavales sobre literatura gaucha al famosísimo escritor quien, inesperadamente, aceptó la invitación. Después de seis horas en autobús Borges llega al Colegio de «La Inmaculada» donde Bergoglio hace los honores de casa. En el fondo está Jorge González Manent, que en aquella época dirigía la revista de la escuela. Un fotógrafo del periódico «El Litoral» inmortaliza la escena. Fuera del campo, entre los alumnos que escucharán a Borges, está también Rogelio Pfirter, el futuro embajador.

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11 de Diciembre de 2017

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