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Avenida Belgrano 2675

· Rosa de Lima, santa del mes, contada por Silvina Pérez ·

Avenida Belgrano 2675. Aquí, en la calle, las señoras ancianas, las viudas con perlas, con medias oscuras y permanente blanca, se intercambian los paraguas para afrontar largas filas en espera de la lluvia que, puntualmente, llega al final de la procesión. “Monseñor, lo siento, no llegamos a tiempo, pero debemos suspender las celebraciones al aire libre”.

El ábside de la iglesia de Santa Rosa en Buenos Aires

Excelencia, reverendo: mis respetos. El obispo Mario Aurelio Poli, de 66 años, sucesor del Papa Bergoglio en la archidiócesis de Buenos Aires, responde con un movimiento de la cabeza, tímido y determinado. Balvanera, diócesis de Buenos Aires: la gente no corre; aquí, hoy, las horas se deslizan lentamente. “Este es mi rebaño. Personas normales, ¿ve?”. La basílica de Santa Rosa de Lima está adornada con luces como si fuera un carrusel. En el quiosco, la revista de política de los jueves tiene en la tapa la caricatura de un diputado local en el centro de las polémicas sobre el transporte ferroviario.

Llueve en el puente de santa Rosa, la fiesta patronal más larga del año: tres días de celebraciones y procesiones en honor de la santa de origen peruano. Argentina es un país donde la religión se vive públicamente: iglesias, calles, barrios, radios y televisiones. Hay días en Buenos Aires en que las horas marcan el tiempo entre la profunda espiritualidad y la solidaridad con quienes no logran soportar las dificultades de la vida.

Precisamente el último fin de semana de agosto y el primero de septiembre de cada año esta espiritualidad anima a los miles de participantes en las procesiones al santuario de Santa Rosa de Lima, patrona del Perú. Es una de las citas más importantes para los fieles; es el corazón de la religiosidad popular de una ciudad como Buenos Aires.

El sábado, sexto día, se parte. Es el primero de tres días. A la cabeza de la larga caravana va la estatua de la santa. Esta virgen de piel blanca y cabellos negros protege a los marginados, y su imagen se encuentra por doquier en Argentina: en los hospitales y en las estaciones de trenes. Los taxistas y los choferes de autobuses llevan su imagen en el salpicadero. Todos invocan su protección y le piden gracias. Convocadas fundamentalmente a través de las redes sociales y de boca en boca, cerca de siete mil personas se han unido en oración. A las siete la basílica ya está repleta de gente: familias, ancianos y niños. El arzobispo Mario Poli pronuncia una homilía intensa pero breve, y con palabras sencillas dice: “El Papa Francisco ha producido en la Iglesia un viento de esperanza, de alivio y de alegría de vivir y pensar la fe cristiana”.

Los fieles llegan en procesión a la calle Sarandí. Hay “cartoneros”, un ejército que se mueve por las aceras recogiendo embalajes de cartón para venderlos a las recicladoras industriales. En cambio, en la parte opuesta hay una fila de mostradores de comida en los que se ofrece, en espera de la tormenta, el tradicional pastelillo de santa Rosa. Se trata de un hecho climático que en la ciudad da miedo. Dura poco y se caracteriza por un descenso de la temperatura, vientos fuertes y a veces intensos chaparrones acompañados por truenos y relámpagos. Sistemáticamente se verifica en el cono sur, y en Argentina entre el 25 de agosto y el 5 de septiembre. Indefectiblemente se repite con impresionante precisión. Su aparición permite presagiar el fin del invierno. Lo causa el encuentro entre enormes masas de aire frío y caliente.

Todos saben qué es la “tormenta de santa Rosa”. Su nombre deriva del relato de la oración pronunciada por la religiosa peruana. Invocaba al Señor para impedir el desembarco de los piratas holandeses en Lima. A veces las biografías relatan parábolas ejemplares, como corresponden a una santa, pero descuidan casi siempre el contexto.

Rosa –la primera santa de América del Sur, llamada la mística del Perú– nació en Lima el 20 de abril de 1586. En la pila bautismal recibió el nombre de Isabel, como su abuela materna. Fue llamada por primera vez Rosa por una criada india, Mariana, cuando aún estaba en la cuna, debido a su extraordinaria belleza. Y el nombre le quedó para siempre.

De noche rezaba y de día trabajaba duramente como jornalera. Rosa llevó una vida ascética, vistiendo el cilicio y practicando el ayuno y la penitencia. Fascinada por santa Catalina de Siena, la consideró su modelo. Su vida austera despertó muchas sospechas a causa de sus visiones celestiales, pero la Iglesia confirmó la integridad de su camino.

Con el pasar de los años, a los sufrimientos voluntarios se suman los de una larga enfermedad. Rosa evocaba al Señor con estas palabras: “Dios mío, aumenta si quieres mis sufrimientos, para que aumente mi amor por ti”. Y a los padres que le aconsejaban moderación, preocupados por su penitencia excesiva, les respondía: “Si los hombres supieran qué significa vivir en gracia, no se asustarían por ningún sufrimiento y padecerían de buen grado cualquier pena”. Rosa tuvo gran familiaridad con su ángel custodio, que la escuchaba y le daba órdenes y mensajes. Más de una vez le llevó los remedios necesarios para curarla.

Era tan grande su amor por Cristo y por su Iglesia, que un día Rosa debió defender a Lima del asalto de los calvinistas holandeses. En efecto, guiados por la flota de Spitberg, los corsarios asaltaron la ciudad. Entonces, Rosa se acercó al altar: abrazó el Tabernáculo y permaneció así hasta que la ciudad no fue liberada repentinamente a causa de la muerte inesperada del almirante holandés.

Durante su vida, Rosa compartió los sufrimientos de los indios, que eran humillados y vilipendiados; cuando murió, era tan numerosa la multitud que acudió a su funeral para saludarla, que fue necesario postergar varias veces su entierro. En la tumba se verificaron muchos milagros. Muchas veces a santa Rosa de Lima se la representa con una guirnalda de rosas sobre la cabeza. En algunos casos, la sostiene el mismo Niño Jesús.

Periodista y autora televisiva, Silvina Pérez se ocupa de los programas de información política “Millennium” y “Agorà” en Rai 3 y colabora en “L’Osservatore Romano”. Trabajó durante diez años en L7, red televisiva para la cual escribió programas y rodó reportajes desde 2004. Nacida en Argentina, con ciudadanía italiana, después de la licenciatura en la Universidad de Buenos Aires colaboró en diversos semanarios y programas radiofónicos y televisivos italianos y extranjeros. Fue encargada de la oficina de prensa del Ministerio de Asuntos exteriores desde 1999 hasta 2001.

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