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Ante todo escuchar

· Misa en Santa Marta ·

¿Cómo se reconoce a un cristiano? A partir de su actitud. Durante la misa celebrada en Santa Marta el jueves 25 de junio, el Papa Francisco comentó el pasaje evangélico de la liturgia del día, adaptando la imagen de la casa construida sobre la roca a la vida cotidiana de los fieles.

En primer lugar, al destacar cómo el pasaje de Mateo (7, 21-29) llega al final de «una serie de catequesis que Jesús hace al pueblo» y cómo el pueblo sigue al Señor «asombrado», porque Él enseña «como alguien que tiene autoridad, y no como los escribas», el Pontífice inmediatamente dio una enseñanza para todos: «La gente –dijo– sabe cuando un sacerdote, obispo, un catequista, un cristiano, tiene esa coherencia que le da autoridad, sabe discernir bien».

Por lo demás, Jesús mismos, en un pasaje precedente, «advierte a sus discípulos, a la gente, a todos: “Cuidaos de los falsos profetas”». La palabra justa –«aunque sea un neologismo, especificó el Papa Francisco– debería ser: “pseudoprofetas”». Estos pseudoprofetas «parecen ovejitas, ovejas buenas, pero son lobos rapaces». Y el Evangelio remite precisamente al pasaje donde Jesús explica cómo discernir «dónde están los auténticos predicadores del Evangelio y dónde están los que predican un Evangelio que no es Evangelio».

Existen –explicó el Papa– «tres palabras clave para entender esto: hablar, hacer y escuchar». Se parte del «hablar». Jesús afirma: «No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos». Y continúa: «En aquél día muchos dirán: “Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre y en tu nombre hemos echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?”». Pero a estos responderá: «Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obráis la iniquidad».

¿Por qué esta oposición? Porque, dijo el Pontífice, «estos hablan, hacen», pero les falta «otra actitud, que es precisamente la base, que es precisamente el fundamento de hablar, de hacer»: falta «escuchar». En efecto Jesús continúa: «El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica...». Por lo tanto «el binomio hablar-hacer no es suficiente», incluso puede engañar. El binomio correcto es otro: es «escuchar y hacer, poner en práctica. De hecho Jesús dice: «El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca». En cambio «El que escucha estas palabras mías y no las hace suyas, las deja pasar, o sea, no escucha verdaderamente y no las pone en práctica, será como aquel hombre que edificó sobre arena».

Esta es la clave para reconocer a los falsos profetas: «Por sus frutos los conoceréis». Es decir, dijo el Papa, «por su actitud: muchas palabras, hablan, hacen prodigios, hacen cosas grandes pero no tienen el corazón abierto para escuchar la Palabra de Dios, tienen miedo del silencio de la palabra de Dios». Son estos «los pseudocristianos, los pseudopastores», que «hacen cosas buenas», pero «les falta la roca».

La oración colecta del día proclama: «Tú jamás abandonas a quien se confía a la roca de tu amor». A estos «pseudocristianos», en cambio, les falta precisamente «la roca del amor de Dios, la roca de la Palabra de Dios». Y, añadió el Papa Francisco, «sin esta roca no pueden profetizar, no pueden construir: fingen, porque al final todo se derrumba».

Se trata, dijo el Papa, de los «pseudopastores, los pastores mundanos, los pastores o cristianos que hablan mucho» –tal vez porque «tienen miedo del silencio»– y que «hacen quizás mucho». Incapaces de actuar a partir «de la escucha», obran a partir de sí mismos, «no a partir de Dios».

Por lo tanto, resumió el Pontífice, «uno que solamente habla y hace no es un verdadero profeta, no es un verdadero cristiano, y al final se derrumbará todo», porque «no está sobre la roca del amor de Dios, no está “cimentado en roca”». En cambio, «uno que sabe escuchar y tras escuchar hace, con la fuerza de la palabra de otro, no de la suya», este «permanece firme como la roca: aunque sea una persona humilde, que no parece importante», es grande. Y «¡cuántos de estos grandes hay en la Iglesia!» destacó el Papa añadiendo: «¡Cuántos obispos grandes, cuántos sacerdotes grandes, cuántos fieles grandes hay que saben escuchar y tras escuchar hacen!».

El Papa Francisco dio también un ejemplo de nuestros días recordando la figura de Teresa de Calcuta, quien «escuchaba la voz del Señor: no hablaba y en el silencio supo escuchar» y por lo tanto obrar. «Hizo mucho» aseguró el Pontífice. Y, como la casa construida sobre roca, «no se derrumbó ni ella ni su obra». A partir de su testimonio se comprende que «los grandes saben escuchar y tras escuchar hacen, porque su confianza y su fuerza» están «sobre la roca del amor de Jesucristo».

El Papa concluyó su meditación uniéndola a la celebración eucarística y recordó cómo la liturgia utiliza «el altar de piedra, fuerte, firme» como «símbolo de Jesús». En ese altar Jesús se hace «débil, es un trozo de pan» que se da a todos. El Señor que «se hizo débil» para hacernos fuertes, «nos acompañe en esta celebración –deseó el Papa Francisco– y nos enseñe a escuchar y a hacer» partiendo «de la escucha y no de nuestras palabras».

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18 de Septiembre de 2019

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