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Amazonia nuestra

En el programa del viaje papal a Perú había impresionado inmediatamente que el primer evento fuera el encuentro con los pueblos de la Amazonia y no con las autoridades, como en general sucede, pero el mismo Pontífice subrayó este hecho en Puerto Maldonado. Y en la puerta peruana de esta región, que se define como el pulmón del planeta por la inmensidad y la variedad de sus recursos naturales, precisamente el Amazonas, que Bergoglio definió como «nuestro», fue, de hecho, el gran tema afrontado por el Pontífice en el país.

Tierra de esperanza por la pluralidad cultural, por la presencia de muchos jóvenes, por la santidad de algunas figuras cristianas. Sin embargo, todo Perú está amenazado por la ávida e insensata sobreexplotación de sus riquezas, en detrimento del medio ambiente natural y del humano. Por eso, dirigiéndose a las autoridades, el Papa volvió a hablar de ecología integral, central en la encíclica Laudato si’, el gran documento social del pontificado que ha tenido un fuerte impacto en muchos ambientes laicos.

La alarma lanzada por Bergoglio ha sido clarísima. La degradación ambiental, lleva con sí la moral: desde la trata, que es «un nuevo modo de esclavitud», a la corrupción, virus que infecta a los pueblos y las democracias, dañando sobre todo a los pobres y a la «madre tierra» cantada por el santo de Asís. Y una breve representación de esta dramática situación fue realizada, en forma de danza, por algunos jóvenes frente al Pontífice conmovido durante la visita a la casa El Principito de Puerto Maldonado, dirigida por el misionero suizo Xavier Arbex y que acoge a niños sin familia.

Madre de Dios se llama esta parte de tierra amazónica visitada por primera vez por un Papa: no es, por lo tanto, tierra de nadie, una «tierra huérfana» exclamó con fuerza Francisco frente a la población, incluso si algunos quieren transformarla en una «tierra anónima, sin hijos, una tierra infecunda». Es la cultura del descarte, tantas veces criticada por Bergoglio: por una parte, «consumismo alienante» y por la otra «sufrimiento asfixiante», como el de muchas mujeres usadas y violadas por una cultura machista tenaz; es la idolatría de la avaricia, del dinero y del poder que llega a exigir sacrificios humanos.

En cambio, el rostro abigarrado de la Amazonia, fue celebrado por Francisco en el encuentro emocionante con los representantes de sus pueblos, que el Pontífice quiso enumerar uno a uno, como los que llegaron a Jerusalén para Pentecostés, descrito al inicio de los Hechos de los Apóstoles. Frente a ellos y con ellos, solemnemente, el Papa quiso reafirmar «una opción sincera por la defensa de la vida, defensa de la tierra y defensa de la cultura», nunca tan amenazadas.

Francisco alzó así su voz contra la explotación salvaje pero también contra «la perversión de ciertas políticas que promueven la “conservación” de la naturaleza sin tener en cuenta al ser humano». Porque «la defensa de la tierra no tiene otra finalidad que no sea la defensa de la vida», reafirmó con cortante nitidez.

Y en este prólogo del sínodo convocado para la Amazonia, la nueva denuncia del Pontífice a los «colonialismos ideológicos disfrazados de progreso» y a las políticas de esterilización contra las mujeres que se incentivan y promueven por organismos internacionales reclamó las palabras de la Laudato si’. En perfecta coherencia con las dos encíclicas, Populorum progressio e Humanae vitae, publicadas por Pablo vi hace medio siglo y reivindicadas como defensa de la vida por el propio Montini en el balance del pontificado cuarenta días antes de morir.

g.m.v.

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24 de Febrero de 2018

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