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Agrega un puesto en la mesa

· El Papa Francisco en el comedor del centro industrial ·

No sucede todos los días poder comer en la misma mesa del Papa. Esa oportunidad la tuvieron los empleados de la Ciudad del Vaticano que habitualmente almuerzan en el comedor de la zona industrial.

La visita que nadie podía imaginar tuvo lugar una mañana de finales de julio, el viernes 25, cuando muchos empleados en servicio se estaban preparando para el almuerzo de cada día a mediodía. Algunos ya estaban sentados a la mesa, otros hacían la fila como todos los días delante de los mostradores del self-service, cuando vieron entrar al inesperado huésped, que llegó hacia las 12.10.

Entre el estupor y la sorpresa de todos, también el Papa Francisco se colocó en la fila con la bandeja en la mano. «Tomó pasta blanca, una porción de merluza, verduras gratinadas y un poco de patatas fritas. No tuve el valor de presentarle la cuenta», confiesa aún emocionada Claudia Di Giacomo, que en ese momento atendía la caja.

Inmediatamente lo rodearon los presentes, cuyo número iba aumentado a medida que pasaba el tiempo, y el Papa Francisco estrechó sonriente muchas manos. En la mesa se sentó junto a cinco empleados de los almacenes de la Farmacia vaticana, con polo azul y mangas cortas. «Le contamos sobre nuestro trabajo, cuántos somos para realizarlo y cómo se hace. Y él nos habló de su origen italiano», explica uno de los comensales. Sus colegas de trabajo añadieron que también hablaron de fútbol —el Pontífice es un hincha apasionado de San Lorenzo de Almagro, equipo que juega en el campeonato argentino—, pero también de economía. En diferentes momentos alguno se acercaba para el infaltable selfie. Cámaras fotográficas, móviles, tabletas, fueron tomando repetidas fotos. El Papa Francisco no se molestó por nada y seguía sonriendo y comiendo, continuando la conversación con sus interlocutores.

Al final de la comida, hacia las 12.50, el Pontífice se levantó de la mesa y posó con algunos empleados para la clásica foto recuerdo en un clima de gran familiaridad. Por último, antes de despedirse, otra foto con el grupo del personal del comedor en el umbral de ingreso. Tras volver el coche de su ayudante de cámara, Sandro Mariotti, que lo acompañaba, el Papa Francisco regresó a Santa Marta.

La visita duró, en su conjunto, unos cuarenta minutos. Un tiempo breve, pero suficiente para conocer otro rincón del mundo vaticano y de las personas que allí trabajan, después de que el 9 de agosto del año pasado visitara el centro industrial, donde mantuvo un encuentro con carpinteros, herreros, fontaneros, electricistas y empleados de L’Osservatore Romano, cuya sede se encuentra, precisamente, en el minúsculo barrio industrial vaticano.

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20 de Octubre de 2019

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