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Abusos y coberturas ya no deben tolerarse
Entrevista al jesuita Hans Zollner

«Tanto los abusos como su cobertura ya no pueden ser tolerados»: es la firme conciencia que ha impulsado al Papa Francisco a convocar en el Vaticano el encuentro sobre la protección de los menores en la Iglesia, programado del 21 al 24 de febrero de 2019. Lo recuerda el jesuita Hans Zollner, miembro de la Comisión pontificia para la tutela de los menores, al que el Pontífice ha confiado el cargo de referente del comité organizativo instituido en vista de la cita del próximo año. En esta entrevista, el padre Zollner subraya en particular la dimensión «sinodal» del encuentro — en el que participarán, junto con el papa, los representantes del episcopado mundial, de la Curia romana, de los religiosos y de las religiosas — y subraya que «una buena organización de la reunión ayudará a mantener juntos el análisis, la conciencia, la vergüenza, el arrepentimiento, la oración y el discernimiento sobre las acciones que deben emprenderse y las decisiones que deben tomarse en la justicia y la verdad».

¿Cuál es la finalidad del Comité?

Cada cosa hay que prepararla. Y para preparar bien las cosas es necesario alguno que lleve esta tarea a cuestas. El encuentro de febrero es una cita importante, muy importante para la Iglesia. Es necesario prepararlo bien involucrando desde ahora a todas las Conferencias Episcopales. Es necesario compartir de inmediato las informaciones, las reflexiones, el espíritu de oración y penitencia y las propuestas de nuevas acciones concretas. Es necesario compartir la conciencia de un camino sinodal, cum Petro et sub Petro. Debemos hacer todo lo que está dentro de nuestras posibilidades, como dijo el Santo Padre en su Carta al Pueblo de Dios, para «generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse». Una buena organización de la reunión ayudará a mantener juntos el análisis, la conciencia, la vergüenza, el arrepentimiento, la oración y el discernimiento sobre las acciones que deben emprenderse y las decisiones que deben tomarse en la justicia y la verdad. También por eso son importantes las consultas que haremos con las víctimas, con grupos de expertos, con laicos, con hombres y mujeres de cultura. Y este trabajo se llevará a cabo en conexión con la Comisión pontificia para la Tutela de los Menores, de la que yo mismo formo parte, presidida por el cardenal O’Malley.

¿En concreto qué harán estos meses que nos separan de la reunión de febrero?

En concreto, el Comité procederá a la reunión del próximo febrero, tanto en términos de logística como de contenido, de acuerdo con las indicaciones dadas por el Santo Padre. También por este motivo, enviaremos un cuestionario a quienes serán invitados a participar. Es importante compartir las experiencias, las dificultades, así como también las posibles soluciones para afrontar este terrible escándalo. Nos parece que, también este modo de proceder, expresa las dimensiones de la sinodalidad tantas veces evocada por el Papa Francisco.

¿Cuál será la estructura del encuentro de febrero?

La estructura prevé una discusión que deberá ser lo más libre y fructífera posible. Y debe ser, al mismo tiempo, de oración y reflexión, de análisis y de propuesta. Pero para que el encuentro sea fructífero, como ya he dicho, consideramos que es muy importante la fase de consultas que iniciaremos de forma inmediata. El Santo Padre aseguró su presencia en las sesiones de trabajo del encuentro, que de alguna manera retomará la experiencia sinodal.

¿Habrá material preparatorio?

Seguramente una de las tareas del Comité es preparar una documentación básica para los participantes para que la reunión de febrero pueda ubicarse dentro del camino que se ha llevado a cabo hasta ahora.

¿Cómo se posiciona la Comisión pontificia para la Tutela de los Menores respecto a este Comité?

Será una relación estrecha de colaboración. El hecho de que yo, miembro de la Comisión pontificia, haya sido llamado a coordinar las actividades del Comité organizativo creo que demuestra precisamente eso y subraya, por parte del Santo Padre, el reconocimiento del trabajo hecho hasta ahora por la Comisión pontificia. Además, el Comité se servirá de la Comisión en la fase de consulta de la que he hablado antes, lo que será crucial para preparar la reunión de febrero de manera adecuada.

Alguno habla de expectativas demasiado altas para el encuentro de febrero, según usted, ¿qué espera el Papa de este encuentro?

Nos damos cuenta de que las expectativas son altas y es comprensible que sea así, dada la gravedad de un escándalo que ha conmocionado y ha herido a tantísimas personas, creyentes y no, en tantos países. Como escribió el Santo Padre en la carta al Pueblo de Dios, «sentimos vergüenza cuando constatamos que nuestro estilo de vida ha desmentido y desmiente lo que recitamos con nuestra voz. Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas».

La Santa Sede lo ha reafirmado con claridad: «Tanto los abusos como su cobertura ya no pueden ser tolerados y un tratamiento diferente para los obispos que los han cometido o encubierto representa de hecho una forma de clericalismo que jamás será aceptable». Y el Santo Padre, en una decisión sin precedentes, ha convocado la reunión de febrero precisamente porque es consciente de que la protección de los menores es una prioridad fundamental para la Iglesia, para su propia misión y no solo para su credibilidad. Por eso, quiere que la confrontación entre los presidentes de los episcopados y los demás participantes en la reunión sea libre, incondicional, animada por la oración y el espíritu de parresía que le importa de forma particular.

Muchas conferencias episcopales se han reunido en este periodo en sus plenarias y están discutiendo sobre medidas antiabusos. ¿Este trabajo, qué espacio encontrará en la reunión de febrero?

Un espacio fundamental. Como se ha dicho, la fase de consulta comienza ya ahora y servirá precisamente para reunir y armonizar las experiencias de las Conferencias Episcopales de la mejor manera posible. Si el Papa ha convocado a los presidentes de las Conferencias Episcopales, es precisamente para reafirmar lo que cree sobre el valor de la comunión apostólica entre el obispo de Roma y sus hermanos en el episcopado. El Santo Padre está convencido de que la plaga, el «sacrilegio», como lo ha dicho varias veces, de los abusos es un problema que no concierne a un solo país y ciertamente no solo a los países occidentales. Que afecta a todos los países. Que no solo concierne a la Iglesia, sino a las realidades más diversas: escuela, deporte, familia. Eso requiere una respuesta firme y universal, en las especificidades de los contextos y las culturas. Eso nos coloca como creyentes ante el misterio del mal y la necesidad de combatirlo hasta el final, sin vacilaciones. «Si un miembro sufre, todos sufren con él». Realmente, las palabras de san Pablo a los Corintios, que se retoman al inicio de la Carta al Pueblo de Dios, nos hacen comprender el espíritu que ha animado al Papa al convocar este encuentro. Sufrimos juntos y juntos, con la ayuda del Señor, debemos encontrar la cura: «la única manera que tenemos para responder a este mal que viene cobrando tantas vidas es vivirlo como una tarea que nos involucra y compete a todos como Pueblo de Dios. Esta conciencia de sentirnos parte de un pueblo y de una historia común hará posible que reconozcamos nuestros pecados y errores del pasado con una apertura penitencial capaz de dejarse renovar desde dentro» (20 de agosto de 2018).

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