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​Abrazo entre hermanos

Francisco y Karekin II estrechados en un abrazo junto al avión que acababa de llegar al aeropuerto de Yereván: es la primera, significativa imagen regalada por la visita del Papa a Armenia. El mismo abrazo con el «venerado hermano», más elocuente que todo discurso, se repitió ante los fieles reunidos en la catedral de la Iglesia apostólica armenia, Santa Echmiadzín. El lenguaje de las imágenes, tan querido por el Papa Francisco, relató con impacto evidente uno de los ejes de esta visita: el diálogo ecuménico.

La tradición quiso que san Gregorio el Iluminador haya tenido una visión luminosa de Cristo, quien, descendiendo del cielo, indicó con el golpe de un martillo de oro el punto dónde construir la catedral de los cristianos armenios. Precisamente allí, a partir del año 303, comenzó a edificarse una iglesia dedicada a la Madre de Dios, pero luego llamada por todos Santa Echmiadzín («el lugar donde desciende el Unigénito»). Y precisamente allí, ante el «altar desde el cual se difunde la luz de Cristo en Armenia», Francisco junto con el catholicós repitió el gesto que cada día realizan los miles de fieles que rezan en ese lugar, que es el corazón espiritual de todos los armenios apostólicos: besaron la cruz y el evangeliario antes de llegar al altar mayor, que acaban de restaurar, donde intercambiaron el abrazo de paz.

Fue el momento que selló el inicio de una visita muy esperada por toda una nación, la imagen concreta de la «amistad y caridad fraterna» —como la definió el Pontífice en su discurso— que une a las dos Iglesias. 

de nuestro enviado Maurizio Fontana

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20 de Septiembre de 2019

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